Una de ellas es
esta: cada vez más gente dice “buen día”
donde antes casi todos decían “buenos
días”.
Puede parecer una tontería, pero en
el mundo de las palabras las tonterías suelen ser señales. Y esta, en concreto,
apunta a un cambio de sensibilidad, de ritmo y de geografía cultural.
Un saludo que se afina
No obstante, “buenos días” es un saludo clásico, plural, generoso, reparte la
bondad en varias unidades de tiempo, como quien ofrece un puñado de fruta para saciar la sed, el hambre o ambas cosas; en
cambio, “Buen día”, es más afilado,
más directo, más minimalista. Un solo día, pero que sea bueno. Una especie de
deseo concentrado en una frase de tan solo dos palabras.
La pregunta es: ¿por qué está creciendo? Y más aún, quién lo ha empujado?
La influencia que cruza océanos
La primera pista viene del otro lado
del Atlántico. En muchos países de América Latina, “buen día” es habitual desde hace décadas. Con la globalización
cultural —series, música, redes, migraciones— ciertas fórmulas empiezan a
viajar sin pasaporte. Se instalan. Se normalizan. Y un día, sin saber cómo, ya
están en la barra del bar de tu barrio.
La lengua, lo sabemos bien, es una
esponja: absorbe lo que oye.
La economía del lenguaje
Otra fuerza en juego es la tendencia
natural a acortar. Vivimos en un
mundo donde todo se comprime: los mensajes, los tiempos, las frases. “Buen día”
es más rápido, más limpio, más ejecutivo. En los correos y comunicaciones
profesionales suena neutro, internacional, casi corporativo. Muchas empresas lo
adoptan sin pensarlo, y sus empleados lo replican.
Por otro lado, y lo más significativo,
la lengua, además de esponja, es contagiosa.
El efecto imitación
No hace falta un académico para cambiar
un saludo. Basta que dos personas en un entorno empiecen a usarlo. Luego tres.
Luego cinco. Y de pronto, cuando te das cuenta, tú mismo lo dices sin saber por
qué.
Las fórmulas de cortesía funcionan
como los memes, ya sabes esas frases para hablar de la vida diaria, el trabajo o la política que se propagan por imitación, antes de boca a oído, hoy por los algoritmos de las Redes Sociales,: Facebook, Tik Tok y tantas otras.
No obstante, ¿qué perdemos? ¿qué
ganamos?
“Buenos días” tiene un aire cálido,
tradicional, casi doméstico, familiar. Es el saludo de la panadería, del vecino
que riega las plantas, del camarero que te conoce. “Buen día” suena más frío,
más de pasillo de oficina o de mensaje escrito.
Y no, no es que uno sea mejor que otro: simplemente
suenan distinto.
La lengua como sismógrafo
Este pequeño desplazamiento no es
casual. La lengua registra movimientos sociales, culturales y afectivos. Cuando
cambia un saludo, cambia algo más profundo: la manera en que nos situamos
frente al otro, el tono con el que abrimos el día, la música con la que
empezamos la conversación.
Quizá por eso resulta difícil
precisar quiénes han impulsado esta tendencia y por qué vías se ha difundido.
No obstante, es difícil precisarlo,
las revoluciones lingüísticas no tienen líderes, se repiten y resuenan como ecos.
Y tú, lector, qué dices?
¿Eres de “buenos días” o de “buen
día”? ¿de plural generoso o de sobrio singular? ¿De tradición o de síntesis?
En todos los casos, sea cual sea tu bando, lo importante
es que la lengua siga viva, inquieta, respirando. Que siga bostezando, pero con
ganas de despertar.
Gracias por leer y dejar un comentario en mis libros.
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