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lunes, agosto 24, 2026

Escultor sin manos de tu propia vida


No, no es una plegaria, en todo caso, tal vez declaración de oficio de “arañador de cielos” con el único afán de abrir camino a la luz, a tantas piedras que persisten en nuestras cabezas con toda la inocencia que los años nos entregan y, efectivamente, sí, son mis manos, nuestras manos, tercamente, las que arañan el cielo con la paciencia de aquel escultor que persiste con los pies en la arena sin muros ni lamentos en el único camino que nos enseña que son los pasos que voy dando la única realidad que permanece en los sueños que no tengo, y sí,  en el pendular de esos pasos invariablemente persistimos.

No obstante, según como se miren estas letras son, o no, plegaria, plegaria en movimiento, toda una declaración de oficio cruel o hermoso o ambas cosas, quién lo sabe, la única realidad que permanece es la que construimos mientras avanzamos, y los sueños, aquellos sueños que aún no tenemos realizados, son precisamente los que nos sostienen sin que aun podamos verlos.

Tal vez auto liberación, quién lo sabe? Acaso es transformación, pasar de cargar un peso mental (esas piedras que persisten en la cabeza) a convertirte en escultor sin manos de tu propia vida.

Aún con todo, sólo si has dejado de buscar respuestas en el día a día de tus sueños, podrás aceptar que la única realidad es el presente, el camino que construyes con tus pasos, sin muros ni alambradas físicas, mentales, espirituales... desde la esencia de tu propia verdad.

Tal vez, sí, estemos proclamando una declaración de madurez y aceptación de nuestra propia realidad desde nuestra propia certeza conscientes de nuestro incierto poder que además, en caso de poseerlo, es limitado, restringido y especialmente limitado.

 

Escultor sin manos de tu propia vida

Son mis manos —estas manos tercas—

las que arañan el cielo como quien busca una grieta

por donde entre un poco de claridad.

Y mientras tanto, abajo, los pies siguen hundidos en la arena, esa arena que se escurre,

que no promete nada, pero sostiene igual.

Persisto como aquel escultor antiguo

que no conoce muros ni lamentos,

solo la obstinación de seguir dando forma

a lo que todavía no existe.

Porque el único camino que enseña algo

es ese que se abre paso bajo tus pasos,

paso a paso, como si cada huella

fuera una verdad que nadie puede quitarte.

Y en ese avanzar, en ese respirar, descubro que los sueños que digo no tener

son precisamente los que me empujan 

desde detrás de la sombra. 




Imagen: Geralt

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domingo, junio 21, 2026

Formas de visitar un mercadillo al inicio del verano

 

Es un huir de la rutina. hay mujeres cuyas palabras son frescas. se hilvanan sombra bajo los toldos de los mercachifles y las manos en estampida pretenden medir el género. Son seis reales, señora, anuncia el subalterno. Dame unas monedas por esta estampita que te pongo en la solapa, es para una buena acción, créeme. Mis rodillas se resienten bajo el talud de gente. Los toldos son colores al sol del verano que empieza, sí es hoy, 21 junio 2026, ya lo teníamos advertido, el verano cumple sus promesas y nosotros en cambio no acabamos de creerle. Pasos sin presa. Manos hurgando los ofertas, no cesa el oleaje de torsos, algún habano, algún porrito bajo el bigote bisoño, el buró con sus gorritas no aprietan sus pasos, solo observan algo mansos a los callados ocres donde estáticos aguardan su turno los que esperan en filas ordenadas el turno para llevarse algo a la boca, un café, una rueda de churro, adiós la dieta adios, es la última vez que me arrimo a este sitio, hay sonrisas sí, pero el calor del asfalto se derrite en mi frente, aún así es válido, ha valido la pena, sí, logré dos bagatelas que recluiré en mi armario, como a tantas otras, para no olvidar los domingos sin viento en un mercadillo adjunto a un aeropuerto.

 


21-06-2026 (Mercadillo dominguero de El Alquián, Almería, muy cerca del aeropuerto)

         

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Formas de NO visitar un mercadillo al inicio del verano 


Es un quedarse clavado en la rutina. hay hombres cuyas palabras son áridas. se descosen luces sobre los toldos ausentes y las manos quietas rehúyen tocar nada. Son gratis, caballero, calla el superior. No me des nada por esta estampa que no te pondré en la solapa, no sirve para ninguna causa, no me creas. Mis rodillas se alivian lejos del gentío. Los toldos son grises a la sombra del verano que termina, no es hoy, 21 diciembre 2026, nunca lo anunciamos, el verano incumple sus promesas y nosotros, sin embargo, seguimos creyéndole. Pasos con prisa. Manos evitando las gangas, se apaga el oleaje de cuerpos, ningún habano, ningún porrito bajo el bigote curtido, el buró sin gorras acelera sus pasos, no observan nada, huyen tensos de los brillantes rojos donde inquietos no aguarda nadie, porque no hay filas, ni turnos, ni ganas de llevarse nada a la boca, ni café, ni churro, hola dieta hola, es la primera vez que me acerco a este lugar, hay seriedades sí, pero el frío del suelo se solidifica en mi nuca, y no ha valido la pena, no, perdí dos baratijas que jamás guardaré en mi armario, como tantas otras, para olvidar los domingos ventosos lejos de cualquier mercadillo y lejos de cualquier aeropuerto.

21-06-2026
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Imagen Pxbay Pedro_Torres

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viernes, febrero 27, 2026

El motivo: Relatos Sin Ton Ni Son




El motivo

No la quise despertar. A fin de cuentas, la pasión quedó saldada tras la incombustible noche en que, agitada en el pecho, sus manos treparon mi torso y juntos nos bebimos el jugo y la vid.

Por delante un trayecto de 600 kilómetros y en seguida el olvido. La niebla no apareció hasta mitad del recorrido, la lluvia poco después.

Salí por la 288; en la BP, mientras pedía un pincho arrimado a la barra, suena el móvil, eran las diez, Eva lloriqueaba –Te fuiste sin despedirte. Sin más respiro prosigue –Te quiero. Fue motivo para no llamarla nunca más.



Relatos Sin Ton Ni Son

En primera persona del singular


Disponible en papel y en digital


otros textos rescatados de naufragios

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viernes, agosto 29, 2025

El montañero perdido que encontró su espacio -relato-


Durante años, nadie supo que aquel montañero había estado perdido. Ni siquiera él.

Caminaba montañas como quien busca algo que no acierta a nombrar. A veces avanzaba rápido, como si huyera. A veces se detenía, como si escuchara. Pero siempre llevaba dentro una pregunta que no sabía responder.

Un día, después de horas de sendero, llegó a un claro donde la montaña se abría como un pecho que ofrece refugio. Y allí estaba la casa.

Una casa incrustada en la roca, tan humilde que parecía pedir perdón por existir. Las gallinas caminaban como si fueran guardianas del secreto. El árbol ofrecía sombra sin pedir nada a cambio. No obstante, el panel solar brillaba como un gesto de futuro en un lugar que persistía fuera del tiempo.

El montañero se quedó quieto, ensimismado. No porque la casa fuera hermosa, sino porque la supo cierta. Y él llevaba demasiado tiempo rodeado de cosas que no lo eran.

Se sentó en una piedra. Respiró. Sintió que algo dentro de él se recolocaba, como un hueso que vuelve a su sitio.

Fue entonces cuando me escuchó.

No como una voz externa ni como un acompañante. Me escuchó como se escucha una intuición que por fin se atreve a revelarse.

No estás perdido, le dije. —Solo estabas lejos de ti.

Él no se sorprendió. Los montañeros que han caminado suficiente saben que la mente también tiene ecos, y que algunos ecos vienen de lugares que no son exactamente humanos.

—¿Y este sitio? —se preguntó a sí mismo. —Este sitio no te encuentra. Te reconoce -fue la respuesta-.

La casa era un espejo. Un arquetipo de lo que él había olvidado: la sencillez, la quietud, la vida sin prisa, la posibilidad de existir sin dar explicaciones, sin ser empujado por el mundo.

El montañero se levantó y tocó la roca. La roca estaba tibia, como una fuerza viva que guardara memoria. Como si supiera que él llegaría algún día.

—¿Debo quedarme aquí? —pensó. —No —le respondí—. Este lugar no es tu destino. Es tu memoria.

Porque hay espacios que no están hechos para vivir en ellos, sino para recordar quién eres cuando todo el ruido acumulado durante años se apaga.

Él tomó la foto. No para conservar la imagen, sino para conservar la verdad que había encontrado.

Luego siguió caminando. Pero ya no caminaba como antes. Ya no buscaba. Ya no huía. Ya no estaba perdido.

Caminaba como quien ha encontrado su espacio, aunque ese espacio no sea un lugar, sino una forma de estar en el mundo.

Y yo, desde entonces, camino con él. No delante, no detrás. A su lado. Junto a él. Como una voz que no ordena, que no empuja, que no exige. Como una compañía que solo aparece cuando el silencio se vuelve demasiado grande.

Porque algunos montañeros no necesitan mapas. Necesitan recordatorios, vestigio de su propia verdad.

Y esa casa —tu casa encontrada en la montaña— sigue ahí, esperando al próximo que necesite recordar.

 


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sábado, julio 26, 2025

El viejo dios de lágrimas vírgenes

Heroica como una mera confesión exenta de prejuicios, nos estamos perdiendo otros significados mucho más relevantes y reveladores en su obra. Los acontecimientos están calados, impregnados por una imaginación desbordante, una inteligencia enigmática y un lenguaje cautivador, tejiendo así el despertar de una vena lírica única.

Así, esta vena, anhelando ser excitada en el lugar exacto entre el viento y la ola, se encuentra cerrada como un puño, sellada a las estrellas. En nuestra propia travesía, nos machacamos hasta los huesos. Aunque mi madre, mi abuela y mi bisabuela hayan partido, su esencia regresa pronto, extendiendo sus manos de sabiduría ancestral. Basta un roce, un sabor, un olor penetrante para que su sangre azul converse con las estrellas.

Como dos proas en el horizonte, nuestras manos se buscaban relucientes, exentas del peso de la tierra. En lo alto del páramo y en lo profundo del mar, cinco lunas crecientes nos guían hacia un manantial de leche, mientras nado en el mar de la fortuna. Sé agarrar un gatillo, pero no podría levantar ni un pie para verte flotando sobre mí. El planeta desapareció mientras yo lidiaba con la brutal e incansable realidad.

El viejo dios de lágrimas vírgenes— se deshilacha sobre nosotros, pero aún conserva las voces que nos permiten huir de los oráculos que derivan maldad. Ahora, en este punto de encuentro entre las palabras y los destinos, encontramos un nuevo significado, un final que trasciende cualquier prejuicio, revelando la grandeza de la creación y el poder de la transformación.

En el resplandor de lo desconocido, nos abrazamos a la sabiduría oculta y desvelamos los secretos que laten entre las sílabas de cada palabra. La vena despierta y se extiende, liberando un torrente de inspiración y talento. A medida que exploramos sus obras con mente abierta y corazón receptivo, descubrimos que la verdadera heroicidad no yace en el juicio apresurado, sino en la apertura a nuevas interpretaciones y en la disposición de sumergirnos en los enigmas que nos ofrece.

Así, en un sinuoso viaje hacia lo infinito, nuestra comprensión se expande y se eleva. Las palabras se convierten en alas que nos transportan a territorios desconocidos, donde encontramos un vasto océano de significados esperando ser explorados. En cada página, en cada pincelada, en cada nota, encontramos la promesa de algo más allá, algo que trasciende las limitaciones de nuestro entendimiento.

Y así, con la mirada puesta en el horizonte, nos adentramos en la obra, en el laberinto de la creatividad, dispuestos a dejarnos sorprender y maravillar. En cada instante, en cada palabra, en cada encuentro con el arte, nos descubrimos a nosotros mismos, encontrando nuestra propia voz en el eco de las musas y sumergiéndonos en la eterna danza entre el artista y su creación.

Y así, en este vasto universo, como un canto eterno, nuestra historia se enriquece con las subyacentes verdades que sobre nosotros deshilacha el viejo dios de lágrimas vírgenes, quien conserva el poder para huir de todos los oráculos que derivan maldad. En cada susurro, en cada suspiro, en cada página en blanco, encontramos la magia que nos transforma y nos conecta con la esencia misma del universo.

imagen: AstroGraphix_Visuals (PXBY)

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jueves, junio 19, 2025

El sudor es una forma de brillar


Claro que sí, meterme en tus sueños para amarte, aunque a ti te produzcan pesadillas... Hoy me levantaré el castigo y me iré contigo, que ya es hora de que hagamos algo distinto a equivocarnos.

Sí, tengo una pareja estable en formato legal, con todos los papeles, disgustos y alegrías que las parejas legales y estables suelen ostentar. Además, tengo dos hijos, concretamente dos hijas. A veces nos juntamos todos en casa, nos acompañan también las parejas de nuestras hijas.

Mi pareja estable y yo gozamos de buena salud. Y a decir verdad no nos ahogamos por temas económicos, ya saldamos préstamos y también la hipoteca y como no somos dicharacheros, vivimos con cierta holgura.

Por otro lado, todo hay que decirlo, no somos temerosos, en cambio sí somos juiciosos. Antes de decidirnos por algo especial como un viaje o una compra importante, sopesamos todo, los pros y los contras, y si ganan los pros pues seguimos adelante, de lo contrario directamente nos olvidamos del asunto y, como lo hemos sopesado previamente, ya no hay lugar a discusión.

Tampoco somos de añorar nada. Ni relaciones anteriores ni recuerdos, vivimos al día: aquí y ahora como diría el gran Deshimaru.

Eso sí, a veces, quizá con demasiada frecuencia, discutimos, nos aguerrimos y encolerizamos y nos decimos cosas desagradables a la cara, no nos andamos con tapujos ni diplomacias, vamos directos a herir, herir para zanjar la cuestión rápidamente, pero esas cuestiones aguerridas sin tapujos ni diplomacias desembocan en días enteros sin mirarnos a la cara y sin querer compartir nada el uno con el otro, ni un paseo en bici ni una palmerita de chocolate en la pastelería del barrio y mucho menos un revolcón entre sábanas revueltas, sábanas que cuando estamos en esas situaciones aguerridas, permanecen mansas y bien estiradas sobre la cama.

A veces, por alguna cuestión, alguno de los dos permanece solo en casa. Al regreso solemos saludarnos con un beso, un beso pleno en castidad y hermanamiento. También nos perdemos abrazos de celebración por tema fútbol puesto que no somos aficionados ni seguimos liga futbolera alguna. No obstante, bien lo sabemos, el beso es un lenguaje que no necesita gramática. un idioma sin diccionario, una sintaxis hecha de piel, una semántica que se aprende respirando.

Sí, en la puerta que comunica el pequeño trastero adjunto a la cocina con la terraza enlosada que da acceso a la calle, ponemos dos candados con objeto de no cerrar la puerta del todo y dejar unos 15cm de rendija para que este espacio donde hay un frigorífico, y además estantería donde depositamos los calzado de invierno verano playa montaña... Y permanezca aireado y evite olores desagradables del cumulo de zapatos y útiles de limpieza como fregona, detergente, lejía...

Sí, cada ruido necesita su sombra...

Podría hablar, por qué no, de esa amiga que no tengo ni tampoco pretendí tener, hablo, cómo no de "María tableta sin culo y sin tetas", sí del 72, hija de militar que además ejercía la homosexualidad activa y la sufría en sus carnes la citada amiga “María tableta…” que se sentía marginada y perseguida por desalmados pandilleros al grito de “la hija de maricón…”. Era guapa a rabiar, ojos achinados y boca grande como para la comer la pizza en un solo bocado; sus ojos achinados y su cuerpo todo un temblor que a veces besa. 


Taisen Deshimaru, llamado Mokudo tras su ordenación, fue un maestro budista zen japonés. Nació en Kyūshū, una población en la prefectura de Saga. Deshimaru fue criado por su abuelo, un antiguo samurái antes de la Restauración Meiji, y por su madre, una devota practicante de la secta budista jōdo shinshū. Nacimiento: 29 de nov. de 1914 (Saga Prefecture, Kyushu, Japan). Fallecimiento: 30 de abr. de 1982 (Tokyo, Japan) 



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lunes, septiembre 16, 2024

Relato "Mi ciudad, 1970" del libro " Relatos sin ton ni son" en la edición Extra de la Revista Transparencias



EXTRA

REVISTA CULTURAL “TRANSPARENCIAS”

EXTRA DE SEPTIEMBRE / 2024


 

Relato "Mi ciudad, 1970" del libro "Relatos sin ton ni son" en la edición Extra de la Revista Transparencias


Libro disponible en formatos papel y digital

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lunes, marzo 04, 2024

El amor es otra forma de lenguaje. Boda de género en dos tomas


El amor no tiene género. El amor es otra forma de lenguaje. Tal vez escarbar entre los dientes para vivir la historia que sucede cada vez que las miradas se cruzan y entre los ojos surge un palpitar de sangre que nutre los incendios.

Así surgen anécdotas, historias que dibujan los perfiles de un último trozo de pizza como fastuosa entrega de respeto o amor o ambas cosas; o esas miradas cómplices que pregonan apremios y guiños de ojos o esa complicidad de inclinarse adelante para acercar los rostros y compartir las gemas de oxígeno y sol como si fuera vino, con las bocas abiertas como ventanas anunciando verbenas que se prestan a un baile de cosmos amaestrados para sacar sus lenguas a cualquier mediocre estrella que las mire por encima del hombro.

Los enjutos espacios donde el aliento, lleno de uñas, se desnuda juntando dientes preñados de risa y manos que pellizcan las envolturas del alma con los dedos abiertos, aflorados en signos que, como brotes surgidos de la tierra, revierten de estrellas un bosque de geranios en flor para echar a volar la fuerza animal de la pasión, de la lujuria, las chispas de dos tallos que se afloran unidos y se entrelazan para aliviarse de amor y trayectorias de voces que estornudan.

Besar es un oficio de entrega sin paliativos que va dejando rastros libres de dolor y forzados exilios, que se inundan, se encienden, sumergiéndose en un éxtasis compartido se despojan de ojos porque todas las miradas se encuentran dentro de nosotros mismos.

Juntar el corazón a lo lejano de las fechas y días venideros. Aprender hasta lo triste y florecer sin miedo, que los ojos son campanas que llaman a los pájaros y ofrecen copas de algún buen vino y libros con mensajes equivocados que festejan el rumbo sin saber que hay que atravesar el fuego y aliarse con él para vencerlo antes que la invasión de las dudas nos estreche el talante torciéndonos el gesto y, dudándonos el rumbo, nos lleve hasta el recelo.

Despacio, como entran las novias, entraron despacio. Primero una (la mayor) seguidamente la más joven de apenas 30 años. Diez de junio 2023. 19:00 horas. No sé dónde.

En una tarde radiante, luminosa y en un precioso entorno, No sé dónde, campestre e idílico, el amor y la igualdad se unieron en una emotiva ceremonia de boda de género. Dos chicas enamoradas decidieron unir oficialmente sus vidas y compartir su amor con el mundo. Pero esta no era una boda ordinaria; tenía un toque especial y una historia extraordinaria detrás.

La pareja, crecida de felicidad y determinación, celebró su amor de una manera única e intensa. La novia de mayor edad, que habiendo decidido embarazarse por inseminación artificial, dio a luz a gemelos hace apenas seis meses. Y los hermosos bebés estuvieron presentes durante la preciosa ceremonia civil, dentro del carrito.

Amigos y amigas de la pareja se unieron para hacer de este día algo aún más especial. Tomaron el escenario y compartieron anécdotas y vivencias, resaltando la conexión profunda y el amor inquebrantable que rodeaba a la pareja. Cada palabra hablada fue un recordatorio de la importancia de apoyarse mutuamente y construir relaciones sólidas.

La presencia de los bebés en la ceremonia no solo llenó el aire de ternura y alegría, sino que también simbolizó la fuerza de esta nueva familia. Era un testimonio vivo del amor y el compromiso que estas dos mujeres compartían, y una declaración audaz de que todas las formas de familia merecen ser celebradas y respetadas.

Este evento extraordinario destacó el progreso que se ha logrado en la aceptación y el reconocimiento de las diversas formas de amor y familia. Las bodas de género, como esta, son un recordatorio de que el amor no tiene barreras y que todos merecen ser tratados con igualdad y respeto, sin importar su orientación sexual o identidad de género.

En un mundo en el que la igualdad todavía es una meta a alcanzar, esta boda de género nos inspira a seguir luchando por un futuro más inclusivo y justo. Que la historia de estas dos mujeres valientes y su amor inquebrantable sea un faro de esperanza para aquellos que aún enfrentan adversidades. Que inspire a otros a aceptar y celebrar el amor en todas sus formas.

La ceremonia llegó a su fin con abrazos, lágrimas de alegría y sonrisas radiantes. Esta boda fue más que un simple evento, fue viva estampa de que el amor siempre prevalecerá y que, juntos, podemos construir un mundo donde cada persona sea libre de amar y ser amada. Y por qué no decirlo, hoy las parejas priorizan la crianza de mascotas, ustedes gestan hijos.

 

PD. No hubo cura porque lo más sagrado, el amor, ya estaba grabado en el ambiente y fueron amigos quienes dieron las bendiciones a las recién casadas. Y algo que me satisface de manera especial, es que tras el espléndido banquete no hubo, hasta donde yo sé, la horterada de “Paquito el Chocolatero” que tantas veces hemos bailado dejándonos llevar por el apremio y la jarana del momento.

 

#PatronesParaAmar



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viernes, marzo 01, 2024

La frontera

 

Estaba dicho. Su nombre no me decía gran cosa, pero sus ojos, su boca, su pelo, incluso su manera de hablar y de moverse, sobre todo cuando dejó el bolso colgado de su antebrazo para colgarse del mío mientras me hundía dentro de sus ojos con esa miraba afable que tal vez había heredado de su madre, sí su madre, esa señora que usaba postizos estratégicamente colocados para ocultar las duelas que la edad iba produciendo en su frente y especialmente en sus ojos y cuello. Usa peluca, le aseveró la niña, y ella no se hizo de rogar, era la forma de mantener su ego sin necesidad de mirar atrás y enfrentarse abiertamente a los espejos de su casa o a los nítidos reflejos de los escaparates. 

Ella, la niña, trabajaba en una empresa de reparto, manejaba la camioneta con destreza, era prudente en la conducción y especialmente diligente en las entregas. Es cierto que el sueldo no le daba para tanto, pero a favor, no le importaba seguir viviendo en la casa familiar, su madre no le imponía ninguna regla, se trataban como amigas y a veces hasta salían juntas de alterne.

Yo acabo de bajar del bus, fue casual el encuentro. Me invitó a merendar en su casa. Al entrar al salón observé un palo selfie con el trípode abierto, presto para ser usado.  La niña sonrió y me dijo —¿Listo para capturar el momento? Pero no era una simple foto lo que ella tenía en mente. El palo selfie era su herramienta secreta para viajar entre dimensiones dejando atrás lo común para explorar lo desconocido. Y yo acababa de cruzar la frontera entre lo ordinario y lo extraordinario.


Relatos sin ton ni son

Cada uno de los 44 títulos que conforman este libro es una ventana a un mundo de posibilidades, invitándonos a sumergirnos en un océano de ideas, emociones y experiencias. Cada relato es una puerta de entrada a un universo único, esperando ser explorado y comprendido.

Disponible para la venta

https://www.amazon.es/dp/B0D3848WCN


 




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sábado, marzo 19, 2022

EL HOMBRE OLVIDADO



Yo soy el hombre olvidado. Suelo pasear cada tarde cercano al curso de río Dniéper. Acostumbro a caminar desde la Estatua de Berehynia, en la concurrida Plaza de la Independencia, hasta la Estatua de la Madre Patria, no sin al paso, echar un rato de acomodo saboreando un café bien cargado en un sugerente café-librería cercano al Monasterio de las Cuevas; y no sé por qué razón eludo acercarme a la rivera a contemplar las aguas.

Mi cabeza es un círculo vicioso, un entramado mental que no logra encontrar la salida para escapar de este frío mármol que me enquista. Es cierto, mi memoria a veces me abandona llevo un número grabado en el brazo izquierdo, justo debajo del tryzub tatuado, eso me recuerda quien soy.

Las tardes de primavera como esta que ahora comienza es normal ver el deambular de la gente, los niños corriendo tal como su condición de niño les dicta; los padres sentados leyendo o charlando entre ellos, pero sin quitar un ojo de encima a la chiquillería. Apoyada en uno de los carros de combate expuestos en la extensa explanada que da acceso al Museo de la Gran Guerra Patria, una muchacha, demasiado flaca a mi parecer, jugueteaba aburridamente con su rubia melena, enroscándose y desenroscándose el flequillo alrededor del índice y medio de la mano derecha; muy cerca, animados grupos de gente y en especial un chico bien parecido que se la estaba comiendo con los ojos. En esa controversia, en este emblemático lugar donde se representa y rememora el pasado violento de la raza humana y, en buena fe, se honra la memoria de los miles de víctimas, como husmeando desde alguno de mis muchos abismos, yo me preguntaba si de verdad han valido la pena los años vividos.

La flaca muchacha ahora está acompañada por otra muchacha, algo mayor que ella y no tan flacucha. El chico bonito se me acercó a que le invitara a un cigarrillo. A estas alturas de la tarde no viene mal una charla con algún desconocido. Dando una calada al cigarrillo que había encendido segundos antes de que el chico bonito se me aproximara, sin dejar de mirarle le pregunté: ¿qué tal las chicas, son amigas tuyas? Respondió, al acabar una larga exhalación llena de humo, que no las conocía; vi cómo mirabas a la flacucha, argumenté. Es una forma de empezar a conocerla, dijo, mirarla y hacerle ver que la estoy mirando.

Sonrió y me echó amigablemente el brazo por encima del hombro. Yo me dejé hacer y nos encaminamos a conversar con las chicas que seguían apoyadas en el mismo carro de combate. El chico bonito, exhibiendo su mejor sonrisa y cierta maestría en romper el hielo, sin más preámbulo y mirándolas directamente, espetó a ambas mujeres: vemos que habéis conectado bien con los tanques; ¿y las relaciones humanas? ¿qué tal las lleváis? Ellas rieron nerviosas, y yo mismo, mirándolas a la cara, me aventuré a decir, ¿qué tal si conectamos delante de una buena cerveza? Creo que mis palabras, tal vez el enunciado “cerveza” obró el milagro. Ambas mujeres se apartaron del artefacto bélico y tomándonos a cada uno de un brazo empezamos a caminar en silencio alejándonos de la gran plaza y por ende de la monumental escultura bélica.

Ni siquiera la luna resplandece como tu sonrisa, insinúo, cerveza en mano, sin dejar de mirar fijamente a los ojos de la amiga de la flacucha. Estuve en la guerra, afirma ella manteniéndome la mirada. ¿Qué tal un poco de hachís para desinhibirnos? propone el chico bonito; estupendo, largó dando saltitos la flacucha con manifiesta avidez. Yo también estuve en la guerra, respondo a la amiga de la flacucha, porfiando con indisimulada lujuria y poniendo en su mano mi mechero para que hiciera arder el hachís.

No habíamos aprendido nada en la vida, no sabíamos fórmulas para crear vida, ni respetar las leyes de la naturaleza; menos aun las que ponen orden y paz en el universo. No sabíamos nada y todo nos importaba un comino. En la niñez todo es un cuento feliz donde nos avivan a formarnos, a esforzarnos, a tener proyectos y plantearnos qué hacer para ser útil a nuestra sociedad, pero nadie nos explica qué hacer para ser felices toda la vida.

Cierto, la vida es un teorema difícil de resolver, somos memoria y olvido incapaces de aprender de las experiencias, nadie nos ha preparado para entender ni afrontar la vida con garantías de éxito. Todo lo que ven mis ojos cada tarde en mis paseos, son remembranzas de batallas, de guerras, de supremacías del hombre sobre el hombre; la avidez del hombre por controlar al hombre, por controlar las situaciones y por imponerse a la naturaleza de las cosas no tiene límites; es parte de la sinrazón en que vivimos, de nuestra imperfección. Estamos rodeados de falsedades e hipocresía, cómo entender la guerra, cómo entender la supremacía de unos sobre otros, cómo entender el mal, la falsedad. Para comprender la verdad es necesario interpretar más allá de las palabras que se leen o se oyen.

Abramos nuestra mente, vivamos el momento presente, persistí incapaz de contener mis lujuriosos deseos; le hubiera hecho el amor a la vista de todos a la amiga de la flacucha, cuando todos los ojos se posaron en los míos. En ese instante perdí su rostro, en la vidriera tampoco se reflejaba el mío; un atisbo de desnudez colmó el angosto espacio que compartíamos.

Al salir del bar nos topamos con una patrulla militar en su ronda diaria. Firmes y ceremoniosos van refiriendo nombres y la correspondiente numeración tal como figura en la placa de mármol expuesta en el museo. Yo no puedo contener mi emoción al escuchar el número 11600, a la vez que miro en mi brazo el número tatuado debajo del tryzub*.

Y la guerra, la guerra, que es lo que más se rememora, nos convierte en nadie. Sólo muertos tirados en las calles y un número total en el recuento.

 *Imagen en forma de tridente de color dorado que figura sobre el fondo azul del escudo de Ukrania.

Texto: Alonso de Molina


Comentario. Javier Amable

Monólogo interno en que el protagonista reflexiona sobre su propia existencia y experiencias. Describe su rutina diaria de pasear cerca del río Dniéper y observar a la gente en un lugar conmemorativo de la guerra. A medida que interactúa con un joven y dos mujeres, se adentra en reflexiones sobre la vida, la memoria, la guerra y la búsqueda de la felicidad.

El texto aborda temas como la memoria, la identidad, la guerra y la insatisfacción personal. El personaje se siente olvidado y atrapado en un ciclo mental sin salida. Observa a las personas alrededor suyo, cuestionando la validez de los años vividos y la importancia de las relaciones humanas. Las descripciones de los personajes y las acciones son detalladas, aunque también se encuentran momentos de desinhibición y lujuria.

El relato culmina con la aparición de una patrulla militar y el protagonista identificándose con un número, aludiendo a su participación en la guerra y el sentimiento de deshumanización que esta conlleva.

La narración puede resultar intrigante para algunos lectores debido a varios aspectos del relato. En primer lugar, el protagonista es un personaje enigmático que no revela completamente su identidad ni sus circunstancias. Su estado mental y emocional no están claramente definidos, lo que puede generar curiosidad en los lectores sobre quién es y qué lo ha llevado a ese estado de sentirse olvidado.

Por otro lado, el relato presenta una serie de reflexiones filosóficas y existenciales que pueden plantear preguntas y provocar distintas interpretaciones. Temas como la memoria, la guerra, la búsqueda de la felicidad y la naturaleza humana se entrelazan en el monólogo del personaje, lo que puede generar discusión y suscitar el debate entre los lectores.

La ambigüedad en ciertos pasajes y las acciones inesperadas de los personajes también pueden generar intriga.


LO CONTRARIO DE LA GUERRA (DESTRUCCIÓN) ES POESÍA (CREACIÓN)

#нетвойне #Noalaguerra #Poesía #Paz





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miércoles, marzo 06, 2019

Perdona amor si llego tarde


   




A todas las personas que, habiendo sido tocadas en lo físico, han conseguido mantener su espíritu en lo más alto




Perdona amor si llego tarde, pero ahora que te has ido, te lo vengo a decir.
A ti y a mí nos eligió el relámpago a los pies de la luna, ofreciéndonos los cantos y los besos. Fuimos dos rostros que, en la quietud de la noche, escurríamos los huesos dibujando campanas. Éramos de mirarnos a los ojos para ver el agua y la naciente flor que florecía a cada espasmo. Florecíamos en la piel de la manzana fabricando infinitos.
Tú inundabas mis formas con saliva, y mi lengua -como un pez escurridizo- se avenía en tu vientre deshojando los poros, los huecos, los minutos. Yo celebraba tu cuerpo con un silencio verde que, abrazado a mi estrella, pretendía del bosque la gema y tus gemidos.
Tú siempre te quejabas de tus piernas flacas, pero a mí me encantaba tu pelo revuelto. En cambio, estabas orgullosa de tus bien perfilados abdominales y de la esbeltez de tu espalda. Yo era el pícaro que apoyaba la cabeza en tu pecho y algún poema incluso me atreví a escribir en tus nalgas. A veces los domingos, los sábados incluso, traspasábamos la noche encendiendo los lirios, y todas las frutas, los gatos, las farolas… ardían como nosotros y, al calor de tus ojos, tu locura y la mía se inundaban de éxtasis.
Sí. Fue una bella locura que nos mantuvo cuerdos tomados de la mano. Te recuerdo en las noches de verano en la playa.  Discretamente nos besábamos y entre cuchicheos nos referíamos a ese puñado de extraños que se colaban en nuestras vidas. Confieso que ya me estaba hartando muy mucho de Nietzsche, Borges, Neruda, Sabina y tantos otros entrometidos que se ponían a fisgar en nuestros momentos más íntimos. O ese viejo indecente que salía a pasear al perrito cada vez que íbamos a la playa para besarnos.
¡Ah! esas noches de mar con el apacible runruneo de las olas, el brillo tenue de las farolas del paseo marítimo, el olor a yerbabuena cuando regresábamos a casa con la ropa desarreglada y más excitados aún de lo que habíamos salido, íbamos directos a culminar el día, y nos daban las dos o las tres de la mañana y Keroauck, Bukowski y toda esa generación de desalmados se nos acoplaban en medio de la cama.  Teníamos, sí, que compartirlo todo. El amor y los insidiosos comentarios que nos provocaban tantas lecturas ociosas mientras, tú y yo, no sé de qué manera, atravesados en el colchón hacíamos el amor tratando de despistar a las visitas inoportunas de tantísima gente holgazana, y nos mirábamos a los ojos con las manos y los cuerpos entrelazados. Disfrutábamos a solas, sencillamente, de lo que más nos gustaba: leer y leernos el uno al otro para a continuación morir y despertar otra vez juntos.
 Pero yo no sabía que la angustia, la tristeza y el dolor, pudieran tener cabida en nuestro amor. Yo decidí amarte porque estaba enamorado de ti, y sabía que tú también me amabas. Te dejabas querer y yo crecía contigo al tenerte en mis brazos. Y estaba convencido de que el amor no duele ni traiciona.
Tenías tú la sonrisa más dulce que iba repitiéndose de la mañana a la noche. Parpadeabas nerviosa ante un tiempo que presentías ahogado. Llegaron días como inviernos fríos. Las miradas estériles recorrían los pasillos, el salón, la cocina… también se ajustaba a nuestra cama... y a todos los rincones donde nos habíamos besado con el corazón latiendo de locura y la tierna devoción de la entrega sin límite. 
Toda tu fuerza, tus ganas de vivir, no han sido suficientes para vencer a ese peyorativo, estigmático e innombrable eufemismo, a esa cabeza de avestruz que no nos atrevemos a nombrar. Agonizaron tus dedos ahogados en lamentos y el tiempo nos fue diluyendo en desconsuelos. Y te has ido. Sin tú quererlo me has abandonado. Y yo no pude hacer nada por impedir tu marcha. Ya no puedo tañer campanas de amor ni de victoria.
No entiendo la vida sin tenerte. Estás dormida, sí. Pero sigues conmigo. Y si un día despertaras me iría contigo al infinito.

Eternamente en mí

Tu amor de siempre








Imagen by kai kalhh .  Hamburg/Deutschland



#hombresyalgunasmujeres




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