Revista Transparencias. Extra Enero 2026.
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Los otros que me forman: Poesía es hacer un árbol con un trozo de madera. La poesía no inventa la verdad, la desvela.
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La poesía no compite con la razón lógica. No describe el mundo, lo presiente. No demuestra, sino que revela. Y así quiero entenderla como esa capacidad única de anticipar lo auténtico, las verdades profundas que suelen escapar a la lógica. Quiero entenderla como un puente entre el arte y la razón, donde las emociones y la creatividad revelan significados a veces ocultos. De alguna manera, la poesía es anticipación sensible de lo real y auténtico, quiero decir: conocimiento inquieto, emocionado, de aquello que sólo puede ser aprehendido por medio de esa otra razón fundada por el arte.
La poesía, insisto, no pugna con la razón lógica y así quiero entenderla. Efectivamente, este concepto late con una intuición que hemos rozado muchas veces en nuestras propias reflexiones: la poesía como un modo de conocimiento que no rivaliza con la razón lógica, sino que, en todo caso, la desborda. No describe el mundo, lo presiente. No demuestra, sino que revela. Y lo hace desde un tipo de sensibilidad que no es sentimentalismo, sino una forma de inteligencia silenciosa, sin alardes, donde la poesía no es solo un adorno, sino una herramienta de descubrimiento.
COMPRENDER EL MISTERIO DE LA NATURALEZA HUMANA
De alguna manera la poesía se adelanta a la realidad. A menudo, el lenguaje cotidiano está “gestado” por el uso técnico o funcional. El poeta, al romper las estructuras lógicas normales, logra rozar verdades que la ciencia o el lenguaje común aún no han nombrado. Probablemente es como si el poema fuera un mapa emocional de algo que todavía no hemos terminado de entender del todo. La lógica de la poesía es subjetiva, de ninguna manera pretende la razón y mucho menos medir nada o controlarlo todo. Pero sí pretende comprender el misterio y lo inexplicable de la naturaleza humana.
Hay dimensiones de la existencia que no pueden ser explicadas ni concebidas como fórmula matemática (el asombro, el duelo o la grandiosidad), y aquí es donde presiento que la poesía funciona como un "órgano de percepción". Sin ella, seríamos ciegos a ciertas capas de la realidad que simplemente no se dejan atrapar por el método científico.
La poesía no inventa la verdad, la desvela. Personalmente la entiendo como puente entre el arte y la razón, donde las emociones y la creatividad revelan significados ocultos. Significados ocultos que de alguna manera sitúa a la poesía en el lugar de la conciliación. A menudo nos enseñan que el corazón y la cabeza van por caminos distintos, pero, el título de este artículo, lo que plantea y sugiere es que el arte es el lenguaje que permite que ambos, arte y razón, se comuniquen para descifrar lo que está “oculto”.
Al ver la poesía como ese puente entre arte y razón, se pueden destacar algunas funciones reveladoras, entre ellas:
La emoción como sensor: En lugar de ver la emoción como algo que nubla el juicio, aquí funciona como un radar. Siente que hay "algo" más allá de la superficie y la creatividad le da la forma necesaria para que la razón pueda, por fin, procesarlo.
El significado oculto (lo inefable): Hay verdades humanas que son paradójicas (como amar y odiar al mismo tiempo, o sentir soledad en medio de una multitud). La lógica formal sufre con las contradicciones, pero la poesía las abraza y, al hacerlo, revela un significado que es más fiel a la realidad que una definición de diccionario.
La creación como descubrimiento: Lo llamativo de este planteamiento es que la creatividad no "inventa" de la nada, sino que "revela". El poeta no fabrica la verdad, sino que quita el velo a una realidad que ya estaba ahí, pero que no sabíamos cómo mirar.
Es, en esencia, una epistemología del sentimiento. No solo sentimos por sentir, sino que sentimos para conocer.
Indudablemente, “revelación de significados ocultos” es algo que ocurre de forma instantánea al leer o escribir un poema, de alguna manera bien pudiera ser un proceso que requiere que la propia razón "trabaje" la emoción después del impacto inicial.
Personalmente lo concibo como un proceso que requiere sentir y razonar. Un diálogo constante donde el sentimiento pone la materia prima (la intuición, el asombro) y la razón pone la estructura para que ese asombro no se disipe.
Si solo nos quedáramos en el “sentir”, la experiencia sería una explosión emocional, quizás abrumadora, pero difícil de integrar o comunicar. Tal vez sería un puro caos.
Si solo nos quedáramos en el “razonar”, convertiríamos la experiencia en un concepto frío, en un estudio de laboratorio que acabaría matando lo que intenta estudiar.
Al unir ambos procesos, ocurre algo fascinante:
-El sentimiento guía a la razón: Le dice hacia dónde mirar, qué es lo que realmente importa en medio del ruido cotidiano.
-La razón le da estabilidad al sentimiento: Al buscar las palabras precisas, la métrica o el ritmo, la razón “afirma” la emoción. La convierte en algo que podemos visitar una y otra vez.
Es lo que algunos han dado por llamar “inteligencia emocional” llevada a la metafísica. De alguna manera, no es solo entender lo que siento para “estar bien”, sino aplicar lo que siento para entender qué es el mundo.
En ese sentido, el poema (o la obra de arte) no es el final del proceso, sino el lugar donde esa unión entre sentir y razonar se materializa.
¿Al final de ese proceso, lo que se descubre es algo sobre el mundo exterior, o es más bien un descubrimiento sobre uno mismo? Personalmente, lo entiendo como un descubrimiento del mundo exterior desde una perspectiva intrínseca, personal e íntima.
De alguna manera, lo que me gusta de esta exteriorización, este desvelamiento de la poesía, es la idea de que devuelve a la poesía su función originaria: no es un adorno ni un lujo, sino un instrumento de conocimiento. Un modo de pensar que piensa con el cuerpo, con la memoria, con la imaginación, con la herida y con la esperanza.
Personalmente, tal como ya he mencionado, insisto en la poesía como puente entre el arte y la razón, donde las emociones y la creatividad revelan significados ocultos.
Namaste
ENTREGA DE LO QUE YA NO SIRVE
Dejamos aquí lo que pesaba.
Dejamos aquí lo que ya cumplió su
ciclo.
Dejamos aquí lo que no queremos llevar al otro lado.
«El hombre que mueve una montaña comienza llevando pequeñas piedras».
Estoy llanamente de acuerdo con Confucio: piedras y otros sobrepesos. Toda gran transformación nace de un gesto mínimo, insistente y perseverante. El esfuerzo es el verdadero artífice de nuestros logros y nos recuerda que nada —grande o pequeño— sucede como un hecho aislado: todo es suma, acumulación, constancia.Sin embargo, siempre sopesamos nuestras acciones. La magnitud de las metas nos entusiasma y, al mismo tiempo, nos abruma. En ese dilema —tan humano— nos preguntamos si el esfuerzo merece lo que se quiere alcanzar.
No todo llega por azar ni por el simple encadenamiento de los acontecimientos. Hay un punto clave donde reside la fuerza real de nuestras acciones: la inercia.El primer paso es, sin duda, el más difícil. Pero una vez dados unos pocos, la mente persiste, se abre a la posibilidad del logro y, poco a poco, pierde el temor al fracaso. Avanzar afirma.En el fondo, no se trata de cuánto esfuerzo puntual seamos capaces de ejercer, sino de mantener la predisposición: avanzar sin miedo, sostener el gesto, confiar en que el objetivo ha sido medido desde nuestras propias posibilidades —esas que nadie conoce mejor que uno mismo—.
A ese convencimiento hay que sumarle la inercia. La inercia reduce el miedo al fracaso: una vez comenzado, casi todo empieza a rodar. No dejes de mirar la cumbre de la montaña, pero tampoco olvides sentir que es el esfuerzo el que mueve lo que parecía inamovible.
Somos seres capaces de entrega. Cuando la actitud se afirma, la montaña deja de ser un obstáculo y pasa a estar bajo nuestros pies. Entonces el sol parece demorarse en nuestros pasos, el agua rompe su cauce, se vuelve barro y raíz, y todo el paisaje acompaña el viaje.
Fue la escena cobarde
donde el paso del tiempo
mezcló sus contornos
en la danza incipiente
donde la tos y el curso
gritaba en los umbrales
a la hierba de lenguas
su melodía y caos
fue un sueño
tal vez un viaje
una lengua lamía mi rostro
el camino era azul
y árboles de metal
batallaban silencios
en esa orilla mansa
de un corazón quemado
pero hay noches que dudan
soñando en mil cabezas
la palabra no dicha
el eslabón de piedra
que esconde la escritura
en el lenguaje extraño
de aquel laberinto inútil
colmo de tantos pasos
hiriendo sus vacíos
fantasmas sin aliento
en esos labios ebrios
que mordieron los perros
es por eso o tan vez no
que me aferro al infierno
a un camino sin pasos
donde un tórrido cielo
va proclamando en ansias
la inexorable bola
que va ofreciendo suertes
con toda virulencia
en un alud de sinos
con la palabra incierta
y los huesos de polvo
pretendiendo el pasado
de pájaros azules
que anclaban su raíces
sus picos y sus alas
en un órdago de luces
donde por toda risa
eran flechas y nubes
incendiadas de suertes
en cambio, él, o yo mismo
apartaba el espanto
y en un bosque de sombras
afilábamos dientes
para afrontar el miedo
con las uñas y dientes
mordiendo las raíces
pero fue ceniza todo
tanta espera de lluvia
no abrazó los perdones
y mis manos sin fuego
quedaron en la nieve
en un azar sin suerte.
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image: thanks to Peggy_Marco - (publicado 13 abr 2026)
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---------------VERSIÓN A TRES VOCES--------
(la voz que recuerda)
Fue la escena cobarde
donde el tiempo mezclaba sus contornos
y las toses del mundo golpeaban umbrales.
Yo solo quería entender
qué lengua lamía mi rostro
y por qué el camino era azul.
(la voz que escucha):
Cuando se fueron todos
quedó el azúcar dormido
y tus palabras se acercaron
como animales que buscan calor.
Yo vi ese azul en tus manos,
un azul que no sabía si era herida u horizonte.
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ADM (la voz que olvida):
Hay noches que dudan,
que esconden la escritura
en un laberinto inútil
donde los pasos hieren vacíos
y los perros muerden los labios ebrios.
Por eso me aferro al metal
(a un camino de piedras: al infierno)
a un camino sin pasos.
la voz que escucha:
Ese infierno lo conozco:
es un bosque que solo existe
cuando lo nombras.
Allí afilabas dientes
para no ser vencido,
allí mordías raíces
como quien busca una verdad enterrada.
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ADM (la voz que arde):
Pero fue ceniza todo.
La lluvia no llegó,
los perdones no abrazaron,
y mis manos sin fuego
quedaron en la nieve.
(la voz que escucha):
Y aun así avanzaste.
Aun así, tu palabra,
con su polvo y su furia,
se abrió paso en la nieve el frío
como un fuego que insiste
aunque ya no recuerde
…cómo arder. cómo seguir ardiendo!
Poemas EN BORRADOR para segunda edición LOS SIMBOLOS DESNUDOS
Respecto a la noticia del día. No soy de políticas. Y mucho menos simpatizo con los regímenes totalitarios, pero entiendo que hay otras formas de hacer las cosas. Trump se impone, puede que la razón esté de su lado, pero no sé si la forma de actuar en la adecuada en un mundo al borde del precipicio.
¿En qué clase de infierno estamos convirtiendo el mundo?
Lo que dicen hoy las noticias sobre Venezuela. Según varias fuentes de prensa y TV, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, anunció que su gobierno llevó a cabo una operación militar a gran escala en Venezuela y que Nicolás Maduro fue capturado y sacado del país. Trump afirmó que Estados Unidos “dirigirá el país hasta que haya una transición adecuada”. Algunas figuras políticas han celebrado la acción como un “nuevo día para Venezuela”, mientras que otras la han calificado como un “secuestro” y han advertido sobre la narrativa mediática que puede construirse alrededor de este acontecimiento político militar. Es decir: hay un hecho central —la operación militar y el apresamiento del presidente anunciada— y luego una ola de interpretaciones, cada una desde su propio marco ideológico. LA FORMA, NO SOLO EL FONDO A mi modo de ver, como persona de a pie, lo que está ocurriendo es algo mucho más profundo que la simple noticia. ¿Cómo es posible actuar así en un mundo ya tensionado, frágil y totalmente polarizado…? Y esta pregunta es una reflexión totalmente introspectiva y creo que muy legítima. No estoy defendiendo a Maduro ni a ningún régimen totalitario. Estoy señalando algo más universal: la preocupación e inquietud por cómo el poder ejerce la fuerza, la supremacía militar, en un momento histórico donde cualquier acontecimiento de este calibre puede incendiar más el panorama global. Muchas personas nos sentimos consternados entre el miedo, la incertidumbre y, claro que sí, la sospecha cuando una potencia actúa de forma unilateral militarmente en otro país. No porque crean que el régimen venezolano sea o no legítimo, sino porque el método, las formas, importan, sobre todo cuando el mundo ya parece caminar sobre una fina capa de hielo. AL BORDE DEL PRECIPICIO Sí, un mundo al borde del precipicio. Las noticias de hoy refuerzan esa sensación de que las decisiones se toman cada vez más rápido, más duro, más sin matices. Y eso genera miedo, ansiedad y vértigo. Mucha gente siente que, aunque la intención pueda ser “restaurar la democracia” o “proteger derechos”, la forma belicista de actuar puede abrir puertas más que peligrosas como escaladas militares, tensiones internacionales, precedentes difíciles de controlar y narrativas que se imponen en uno y otro sentido sin espacio para la duda y la imprecisión de la incertidumbre. FUERA DEL TABLERO Todo lo acontecido en el día de hoy en Venezuela, y no voy a suavizarlo con optimismos vacíos, deja a la líder opositora María Corina Machado, fuera del tablero. El mundo sí, como en una sucesión de incendios incontrolables, camina entre brasas sin saber muy bien, sin certezas de cómo se llegó hasta este punto, un mundo abocado a la impotencia, sin lucidez alguna, y que nos obliga a mirarlo de frente, directamente menguados, impávidos y sin anestesia. Y no, no estoy pidiendo ni mucho menos ofreciendo un diagnóstico del mundo, del planeta Tierra, sino un reconocimiento de la irracionalidad con la que muchos dirigentes actúan mientras los ciudadanos de a pie solo podemos, con el corazón encogido y la mente fría, reconocer que esto pesa, esto duele, esto no debería ser normal. No, no lo es. Y esta reacción —esa punzada que nos hace decir “dan ganas de llorar”— es una señal de que las personas de a pie no somos indiferentes al caos orquestado por las altas esferas de los gobiernos. El ciudadano no puede ni debe disimular su sensibilidad ante agresiones gubernamentales y mucho menos ante hechos bélicos, agresivos… celebrar la violencia, no es un acto de resistencia. Lo que duele es la gente, las historias truncadas, la dignidad golpeada, la sensación de que un país entero ha sido obligado a vivir en modo supervivencia. Venezuela, hoy es una herida abierta en América Latina. Lo que duele es la gente, las historias truncadas, la dignidad golpeada, la sensación de que un país entero ha sido obligado a persistir para vivir en modo supervivencia. Y entiendo ese temblor. Venezuela se ha convertido en un símbolo doloroso de cómo un pueblo entero puede quedar atrapado entre crisis económicas profundas, deterioro institucional, migraciones masivas y una sensación de futuro suspendido. Millones de personas han tenido que marcharse, otras resisten como pueden, y desde fuera uno siente que observa un incendio que no debería existir, pero que nada puede hacer para apagarlo.