Claro
que sí, meterme en tus sueños para amarte, aunque a ti te produzcan
pesadillas... Hoy me levantaré el castigo y me iré contigo, que ya es hora de
que hagamos algo distinto a equivocarnos.
Sí,
tengo una pareja estable en formato legal, con todos los papeles, disgustos y
alegrías que las parejas legales y estables suelen ostentar. Además, tengo dos
hijos, concretamente dos hijas. A veces nos juntamos todos en casa, nos
acompañan también las parejas de nuestras hijas.
Mi
pareja estable y yo gozamos de buena salud. Y a decir verdad no nos ahogamos
por temas económicos, ya saldamos préstamos y también la hipoteca y como no
somos dicharacheros, vivimos con cierta holgura.
Por
otro lado, todo hay que decirlo, no somos temerosos, en cambio sí somos
juiciosos. Antes de decidirnos por algo especial como un viaje o una compra
importante, sopesamos todo, los pros y los contras, y si ganan los pros pues
seguimos adelante, de lo contrario directamente nos olvidamos del asunto y,
como lo hemos sopesado previamente, ya no hay lugar a discusión.
Tampoco
somos de añorar nada. Ni relaciones anteriores ni recuerdos, vivimos al día:
aquí y ahora como diría el gran Deshimaru.
Eso
sí, a veces, quizá con demasiada frecuencia, discutimos, nos aguerrimos y
encolerizamos y nos decimos cosas desagradables a la cara, no nos andamos con
tapujos ni diplomacias, vamos directos a herir, herir para zanjar la cuestión
rápidamente, pero esas cuestiones aguerridas sin tapujos ni diplomacias
desembocan en días enteros sin mirarnos a la cara y sin querer compartir nada
el uno con el otro, ni un paseo en bici ni una palmerita de chocolate en la
pastelería del barrio y mucho menos un revolcón entre sábanas revueltas,
sábanas que cuando estamos en esas situaciones aguerridas, permanecen mansas y
bien estiradas sobre la cama.
A
veces, por alguna cuestión, alguno de los dos permanece solo en casa. Al
regreso solemos saludarnos con un beso, un beso pleno en castidad y
hermanamiento. También nos perdemos abrazos de celebración por tema fútbol
puesto que no somos aficionados ni seguimos liga futbolera alguna. No obstante, bien lo sabemos, el beso es un lenguaje que no necesita gramática. un idioma sin diccionario, una sintaxis hecha de piel, una semántica que se aprende respirando.
Sí, en
la puerta que comunica el pequeño trastero adjunto a la cocina con la terraza
enlosada que da acceso a la calle, ponemos dos candados con objeto de no cerrar
la puerta del todo y dejar unos 15cm de rendija para que este espacio donde hay
un frigorífico, y además estantería donde depositamos los calzado de invierno verano
playa montaña... Y permanezca aireado y evite olores desagradables del cumulo
de zapatos y útiles de limpieza como fregona, detergente, lejía...
Sí,
cada ruido necesita su sombra...
Podría
hablar, por qué no, de esa amiga que no tengo ni tampoco pretendí tener, hablo,
cómo no de "María tableta sin culo y sin tetas", sí del 72, hija de
militar que además ejercía la homosexualidad activa y la sufría en sus carnes
la citada amiga “María tableta…” que se sentía marginada y perseguida por desalmados pandilleros al grito de “la hija de maricón…”. Era guapa a rabiar, ojos achinados
y boca grande como para la comer la pizza en un solo bocado; sus ojos achinados
y su cuerpo todo un temblor que a veces besa.
Taisen Deshimaru, llamado Mokudo tras su ordenación, fue un maestro budista zen japonés. Nació en Kyūshū, una población en la prefectura de Saga. Deshimaru fue criado por su abuelo, un antiguo samurái antes de la Restauración Meiji, y por su madre, una devota practicante de la secta budista jōdo shinshū. Nacimiento: 29 de nov. de 1914 (Saga Prefecture, Kyushu, Japan). Fallecimiento: 30 de abr. de 1982 (Tokyo, Japan)
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