miércoles, septiembre 30, 2026

La Posesión del Ágata -difícil separar la geografía de la emoción-




Hay algo en La Posesión del Ágata que hace difícil leerlo con distancia: es un libro que exige presencia.
Alonso de Molina no describe el Cabo de Gata, lo habita desde adentro. Sus poemas nacen de esa tensión entre la tierra volcánica —dura, áspera, casi hostil— y la ternura con que el autor la recuerda desde la infancia.
 
La piedra ágata no es solo un símbolo: es casi un personaje, una materia que condensa todo lo que la tierra guarda y que el ser humano ansía poseer sin nunca poder hacerlo del todo.
Lo que más llama la atención es su tono: ni grandilocuente ni hermético. Habla en susurro, como quien comparte algo íntimo al oído.
 
Hay hambre, hay trabajo, hay familia y hay paisaje marino entrelazados de tal manera que resulta difícil separar la geografía de la emoción.
Es poesía que no pide ser analizada, sino sentida.
 
Como el propio autor sugiere: cada lector encontrará en ella su propia herida o su propio consuelo.
Un libro breve, pero con el peso de la piedra que le da nombre.

J. Amable 

 


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Tuyo en la poesía,
Alonso de Molina