Es hora de ponerse en pie
luce bien la mañana
el buda permanece mudo en el jardín
está en su mundo
un interior vacío lleno de cosas
cómo descifrar lo que no ven sus ojos
tal vez sombras acaso calladas
bailando sus secretos
observo una luz perdida en su mirada
un susurro en la orilla del viento
tal vez la oculta verdad de los momentos
un chorro generoso ofrece el agua
podría el buda sonreír
pero es de piedra y la piedra
no suele sonreír al primero que pasa
permanezco enfrente a escasos metros
he puesto algo de café sobre la mesa
y apenas una rebanada de pan y aceite
he dejado cerca algo de fruta
nunca se sabe las vitaminas
que un cuerpo necesita a estas horas
el día luce hermoso creo que ya lo dije
yo me prolongo en las horas
que tengo por delante
saldré a pasear
sigue débil mi cintura y debo darle reposo
dejo de escribir
alimentar el cuerpo es menos importante
que alimentar el alma
pero es preciso un café y algo de alimento
no solo de pan vive el hombre
pero el hombre necesita el pan
y necesita el artificio —tal vez artificio—
de hacer trabajar la mente
nutrirla de palabras y visualizaciones
si las palabras y las visualizaciones son saludables
el espíritu lo agradecerá
y el cuerpo podrá continuar ofreciendo
al buda del jardín un buen chorro de agua
que le nutra y refresque
en este mayo que pretende ser junio
Pero sigo en vigilia
manso, como quien mira el mundo
con un café en la mano
y no pretende cambiar lunas ni planetas
tan sólo el gesto espiritual
de no cambiar nada de nada
permanecer en él y estar con ella
que es todo un gesto poético y espiritual
Lo que no ven sus ojos —insisto—
cómo descifrar lo que no ven sus ojos ni los míos
un corazón abierto
un secreto a voces
alguna ausencia algún olvido
su voluntad en quiebra sumida en la tristeza
de una tarde temprana
sin espacio
sin tiempo
sin ruidos
hacer callar la mente
y el corazón despierte.
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Tuyo en la poesía,
Alonso de Molina