El motivo
No la quise despertar. A fin de cuentas, la pasión quedó saldada tras la incombustible noche en que, agitada en el pecho, sus manos treparon mi torso y juntos nos bebimos el jugo y la vid.
Por delante un trayecto de 600 kilómetros y en seguida el olvido. La niebla no apareció hasta mitad del recorrido, la lluvia poco después.
Salí por la 288; en la BP, mientras pedía un pincho arrimado a la barra, suena el móvil, eran las diez, Eva lloriqueaba –Te fuiste sin despedirte. Sin más respiro prosigue –Te quiero. Fue motivo para no llamarla nunca más.
Relatos Sin Ton Ni Son
En primera persona del singular
Disponible en papel y en digital
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Tuyo en la poesía,
Alonso de Molina