jueves, agosto 13, 2026

Frontera de Nadadores: Reflexiones en torno a un mundo que sueña y otro que vigila


Frontera de Nadadores

Reflexiones en torno a un mundo que sueña y otro que vigila

Hubo un tiempo —lo recuerdas bien— en que pensabas que el mundo era un espacio libre sin lindes ni confines, un mapa sin cicatrices, una piel continua donde cada paso era derecho propio y cada horizonte un deseo.

Pero la edad, que es también una frontera, no se cruza de golpe, se va entrando en ella como los que nadan hacia Ceuta, con el pecho ardiendo en deseos y la cabeza llena de interrogantes.

Y allí, en esa orilla es donde la vida se vuelve más compleja, descubres que los estados no son muros a franquear; como animales defienden su territorio, sus miedos, sus intereses, sus silencios. No siempre te gustan, pero entiendes que existen y lo aceptas porque la humanidad, cuando se cuenta por millones, necesita reglas para no devorarse unos a otros.

Aun así, tú sigues soñando. No has renunciado a ese mundo sin fronteras. Solo has aprendido que la utopía es una luz, un faro, no un camino libre que puedas transitar a tu libre albedrío y mucho menos conquistar.

Y mientras tú avanzas con esa lucidez tranquila, otros juegan partidas que no se ven desde la playa. Marruecos, por ejemplo, que mueve la frontera como quien mueve una pieza de ajedrez, a veces abre la mano, a veces la cierra, a veces deja pasar miles de cuerpos para que el mensaje llegue más lejos que las olas.

No, no es ceguera ni es improvisación. Es cálculo. Es política. Es presión. Es alevosía envuelta en diplomacia y especialmente en astucia.

Y tú lo ves. Lo intuyes. Lo nombras. No eres un bendito, a estas alturas de la vida has aprendido a leer la sombra detrás del gesto. No eres del todo un ignorante, eres alguien que sabe que la verdad nunca está en la superficie del agua, sino en la corriente que la empuja.

Aun así, sigues creyendo en la dignidad humana. Sigues pensando que ninguna persona debería necesitar un permiso para existir. Sigues defendiendo que la frontera más importante es la que cada uno lleva dentro y que esa frontera, esa sí puede cruzarse sin papeles.

Y quizá por eso, cuando vemos a miles de personas nadando hacia una ciudad que no conocen, pero sobre todo una ciudad a la que no han sido invitados, sientes que el mundo está hecho de dos fuerzas, la que sueña con abrir puertas y la que teme que todo se derrumbe si las puertas permanecen demasiado abiertas.

Entre esas dos fuerzas tú abres los ojos y sigues caminando con la serenidad del que ha vivido, con la lucidez del que observa, con la poesía del que no se conforma ni renuncia.

Y en ese equilibrio, hay más verdad que en cualquier frontera.



Imagen Pxb

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Tuyo en la poesía,
Alonso de Molina