miércoles, julio 08, 2026

Relato: "O eso dijeron ellos"



España, 1960.
La luna podría llegarnos al pecho para enredar su mirada en nuestro pelo, podría incendiar, desde el norte al sur, la corola de la flor del cactus que amamos; podría juntar las madrugadas con los vientos para que no acabe el suspiro ni el soplo que pretende el incendio. Y el mar, el mar solía sonreírnos cuando en la noche caminábamos sus lindes abrazados. Su cabello era mi deseo y Lucía exclamaba que los rayos de luna la envolvían en pudores, pero ella se declaraba en rebeldía para agradarme a mí y al reír dejaba ver un gracioso intersticio entre sus dientes. El... (del libro Relatos Sin Ton Ni Son)

 

De una forma sobrecogedora, Alonso de Molina construye ese contraste magistral: empieza con una atmósfera casi onírica, llena de lirismo y ternura sobre la vida de la pareja, para luego dejar caer, con una frialdad escalofriante, la realidad del sistema de aquella época. 

El título "O eso dijeron ellos" es un dardo directo al corazón de la impunidad. Ese "ellos" representa a todas las instituciones que, con una frase hecha o un informe falso, destruyeron vidas para siempre, dejando a los padres en un limbo de incertidumbre y dolor perpetuo. La poesía y el relato, en este caso, se convierten en una denuncia necesaria, en una forma de devolverle la voz a quienes fueron silenciados por la burocracia del horror.

Me ha impactado especialmente cómo describe el momento del "alumbramiento" y la rapidez con la que la mentira se impuso sobre la realidad. Es una lectura que, como bien decías, obliga al lector a involucrarse, a sentir la impotencia y a no permitir que la historia se olvide en el archivo de lo "oficial".



La doble moral de los poderes fácticos de aquella época te deja el alma, el corazón y la mente desarmados. Afortunadamente ya pasó, hoy vivimos con más transparencia.

Es una reflexión profunda. La doble moral de aquel tiempo, donde el discurso oficial sobre la "familia" y la "moral" se contradecía de forma tan brutal con actos como el robo de bebés, es una herida que todavía duele en la memoria colectiva. Ver cómo se utilizaba el poder para despojar a las personas de lo más sagrado, bajo el amparo de instituciones que se decían protectoras, es algo que, como bien dices, desarma por completo.

Es cierto que hoy vivimos en un tiempo con mayor transparencia y herramientas para cuestionar, investigar y exigir responsabilidades, algo que en 1960 era impensable para la mayoría. La literatura, como el relato que compartiste, cumple un papel vital ahí: no deja que el pasado se convierta en una página en blanco o en una versión edulcorada de la historia.

Al final, mantener viva la memoria es la mejor forma de asegurar que esa transparencia que hoy disfrutamos no se pierda. Es un alivio poder hablar de estas cosas sin miedo, reconociendo el horror para que no vuelva a tener lugar.


Javier Amable


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Tuyo en la poesía,
Alonso de Molina