Mi casa es un bosque
no tenemos un perro
a veces me hago el muerto
y después resucito
es tan solo el instinto
de volver a la vida
sí, despertar la conciencia
y sentir que respiro…
…algunas tardes
sí, sólo algunas tardes,
nos acostamos juntos,
el perro que no existe y yo,
en el sillón de Ikea
su color rojo anima
a posar la cabeza
sin golpearme el pecho
ni acusar al calor
de la fiebre que siento
tanto en días de verano
como en los días de viento…
…no, no tengo aun novia…
me ha pasado la edad
sobre un montón de tierra
…la he caminado entera
tratando de encontrarme…
y todavía no sé
si un día conseguiré
hallarme adentro de algún mapa
o de alguna ciudad que no existe…
-2-
…A veces escribo a mi novia -sí, a esa que no tengo-
pero me invento que está en la habitación de arriba
y le digo que -el -día -está -hermoso…
y que me gustaría dar un paseo
con la mujer más guapa del mundo…
…entonces baja rauda —y me exige—
que le presente a la mujer más guapa del mundo…
…pongo… ya sabes, la mirada huidiza,
me estiro sobre el sillón rojo de Ikea…
aparto a un lado al perro que no tengo…
… la miro fijamente… -sí, fijamente,
como si quisiera dibujarle un tatuaje en los ojos
y haciendo todo lo posible por ignorar mi desánimo
-hago una torsión- como si mi cintura fuera un instrumento
ágil
y me aúno a ella, como si fuera la conjunción infinita
que subordinara a todos los temblores que no tengo
cuando la tengo a ella…
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Tuyo en la poesía,
Alonso de Molina