miércoles, junio 05, 2024

Poesía Sin Promesa: La Negación de las Letras




Poesía Sin Promesa: La Negación de las Letras, tal vez desafío y rechazo hacia las expectativas convencionales asociadas con la poesía. Las palabras se rebelan contra las reglas, a seguir patrones establecidos; los versos pretenden una libertad que no conocen.

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Disponible en tapa blanda y digital
https://www.amazon.es/dp/8412876121


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De Sur a Sur Revista de Poesía y Artes Literarias ISSN 2660-7239 (España) Ya disponible el Nº 22 Junio 2024



De Sur a Sur Revista de Poesía y Artes Literarias
ISSN 2660-7239 (España)

Ya disponible el Nº 22 Junio 2024

Más allá de la poesía, la meta-poesía implica la palabra y el silencio, implica al lector o espectador y exige del narrador elementos como la expresión corporal, miradas, sonidos, muecas... en un espacio escénico predispuesto para tal fin, para que pueda provocar en el público sensaciones que lo hagan ser partícipes y no meros espectadores de la obra en cuestión.

EDITORIAL 

  

ARTÍCULOS LITERARIOS ◆ CUENTO NARRATIVA ◆ MICRORRELATO

  

LA VOZ DE LOS POETAS

ENTREVISTAS. RESEÑAS. ENSAYOS

LIBROS, ACTIVIDADES Y EVENTOS

 

Libros imprescindibles para leer este verano

 


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Alonso de Molina

Tuyo en la Poesía




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lunes, junio 03, 2024

Poemas comentados. Erótica mía, del mexicano Saul Ibargoyen

Saul Ibargoyen con nuestra colaboradora
Cristina Sainz Sotomayor en junio de 2014



Erótica mía:
Escribiré en tu espalda
con un trazo de dientes
una sola historia:
no puedo mirarte
sin sangre en los ojos
no puedo amarte
fuera del incendio.

Besar es oficio
que a veces nos pierde
en bocas de bestias oscuras
en grietas dolorosas
que el sudor ilumina.

Erótica mía:
tendremos silencio en estas palabras
habrá un aire escondido
debajo de las camas
un olor a furia
una espesura de grasas derrotadas.

No puedo hablarte
sin saliva que espera
el comienzo terrestre de tu piel cercana
no puedo tocar tus axilas
sin la empapada presencia de mi lengua. 

 

Y no puedo repetir este amor
esta sola historia
que escribo en tu espalda
Erótica mía
sin mancharme los dientes
sin quemarme las manos
sin dejar que mi borroso corazón
se hunda
pausadamente
entre tus sábanas.

 



El poema "Erótica mía" de Saúl Ibargoyen es una exploración profunda y visceral de la pasión y el amor carnal. A través de sus versos, Ibargoyen nos sumerge en una experiencia erótica que es tanto física como emocional, destacando la intensidad y el poder de los sentidos en la conexión amorosa.

 

Análisis del poema:

 1. Imagen sensorial y táctil: El poeta utiliza imágenes fuertes y directas para describir la interacción entre los amantes. La metáfora de "escribiré en tu espalda / con un trazo de dientes" evoca una sensación de intensidad y cercanía física, sugiriendo que el amor deja marcas tanto físicas como emocionales.

 2. Simbología del fuego: El fuego aparece como símbolo recurrente de la pasión ardiente ("no puedo amarte / fuera del incendio"). El fuego no solo representa el deseo, sino también la transformación y el consumo total de los amantes en su entrega mutua.

 3. Dualidad del beso: El beso es descrito como un "oficio" que puede llevar a la perdición ("que a veces nos pierde / en bocas de bestias oscuras"). Esta dualidad sugiere que la entrega erótica puede ser tanto placentera como peligrosa, con el poder de revelar aspectos oscuros de los amantes.

 4. Intimidad y silencio: La repetición de "Erótica mía" crea un tono de cercanía y posesión íntima. Además, la referencia a "tendremos silencio en estas palabras" sugiere una comunicación profunda que trasciende el lenguaje verbal, un entendimiento que se siente más que se dice.

 5. Elementos terrenales: El uso de elementos como "saliva", "piel", y "sábanas" ancla el poema en lo físico y lo cotidiano, subrayando la conexión terrenal y visceral de los amantes. Esta concreción refuerza la autenticidad de la experiencia erótica descrita.

 6. El acto de amar como escritura: El poema comienza y termina con la idea de escribir en la espalda del amante, sugiriendo que cada encuentro amoroso es una nueva historia que se inscribe en el cuerpo. Esta metáfora literaria enfatiza la creatividad y la singularidad de cada acto de amor.

  En pocas palabras, "Erótica mía" es un poema que celebra la intensidad del deseo y la conexión erótica, utilizando un lenguaje cargado de imágenes sensoriales y metáforas poderosas. Saúl Ibargoyen nos invita a experimentar la pasión en su forma más pura y cruda, destacando tanto su belleza como su capacidad de consumirnos completamente. Este poema no solo es una expresión de amor carnal, sino también una reflexión sobre la manera en que el deseo y la pasión nos transforman y nos definen.

J.A.

 

 


Saul Ibargoyen

Saúl Ibargoyen Islas (Montevideo, 26 de marzo de 1930-México, 9 de enero de 2019) fue un poeta, narrador, crítico, traductor y ensayista uruguayo, nacionalizado mexicano.

Reportaje en De Sur a Sur Revista de Poesía y Artes Literarias #10, febrero 2020 página 26 y 27.

---llevado al libro No sé de qué habla mi poesía - Poemas comentados -


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domingo, mayo 19, 2024

Golf. Poesía en movimiento.


 

Poesía en movimiento
Golf y poesía confluyen. Dos mundos aparentemente distintos, encuentran un punto de convergencia en la contemplación, la belleza y la conexión con la naturaleza. Esta actividad deportiva es una fuente de inspiración poética. La afinidad por el golf desde el punto de vista de la poesía enlaza directamente con la contemplación y la belleza, que, de alguna manera, son elementos esenciales de la poesía.
En el juego del golf es esencial la contemplación, la pausa, el silencio, el respirar despacio. Un tono, llamémosle lírico y contemplativo, explorando tanto la técnica del juego como la experiencia emocional y estética que lleva consigo.
La belleza y elegancia de un swing bien ejecutado, el silencio cuasi meditativo en el campo y especialmente en las proximidades del Green, de alguna manera representa la conexión cuasi mística con la naturaleza.
Me atrevería a afirmar, que el acto de jugar al golf bien podría representar una metáfora de la vida y el arte, representa una confluencia profusa y evocadora entre el golf y la poesía.
Hoy en La Envía Golf. (19-05-2024).


  El futuro del golf

¿Más Verde, Más Rápido, Más Inclusivo?


El golf del siglo XXI se encuentra en una encrucijada apasionante. Por un lado, la presión social y medioambiental reclama campos más sostenibles, con menor consumo hídrico, menor uso de químicos y mayor integración con el ecosistema

local. Por otro, la tecnología promete reinventar la experiencia del juego, desde palos diseñados con inteligencia artificial hasta simuladores que permiten practicar en cualquier ciudad del mundo sin necesidad de un campo físico. La inclusión, por su parte, avanza con pasos firmes: el golf femenino gana visibilidad, los programas juveniles se expanden y las barreras económicas empiezan a reducirse.

 

 

Sostenibilidad

Innovaciones en el diseño y mantenimiento de campos para reducir drásticamente el consumo de agua y productos químicos. 

Tecnología

Herramientas digitales, simuladores y datos biomecánicos para mejorar el rendimiento y ampliar la accesibilidad del golf. 

Inclusión

programas de base, circuitos femeninos con mayor visibilidad y reducción de barreras socioeconómicas para nuevos golfistas. 

El golf sigue evolucionando, pero su encanto atemporal permanece intacto. De las costas embrujadas de la Escocia medieval a los simuladores virtuales del mañana, el deporte conserva esa mezcla única de frustración y deleite que ha fascinado a generaciones. La bola sigue siendo pequeña, el hoyo sigue siendo estrecho, y la hierba sigue siendo verde& donde la naturaleza y la precisión se encuentran.

 

Golf: ¿Suerte o Habilidad?

Anécdotas sobre la yerba

Hay deportes que se juegan con los músculos, y hay deportes que se juegan con el alma. El golf pertenece a esa segunda categoría: un mundo donde un centímetro separa el triunfo del desastre, donde el viento, la hierba y hasta una rana pueden cambiar el destino de una partida. Este ensayo recorre algunas de las historias más memorables —y más inverosímiles— que nacen entre los fairways y los roughs, allí donde la habilidad y la fortuna se disputan el protagonism

 

La Rana y el Golfista: Un Cuento de Buena Fortuna

Dicen que en el segundo hoyo de un campo perdido entre montañas, un golfista solitario escuchó una voz diminuta surgir desde el borde del estanque. No era el viento, ni la imaginación. Era una rana. Y la rana hablaba.

El consejo del anfibio

«Hierro 9», dijo la pequeña criatura verde con una seguridad pasmosa. El golfista, entre la incredulidad y la desesperación —llevaba tres birdies fallidos consecutivos—, optó por escucharla. El resultado fue un hoyo en uno. Un milagro de manual. Desde ese instante, el hombre no volvió a tomar un palo sin antes consultar a su nueva asesora.

Una ronda de ensueño

Hoyo a hoyo, la rana fue dictando palos, ángulos y distancias con una precisión casi sobrenatural. El golfista terminó la ronda con su mejor marcador de la historia: doce bajo par. Nunca había golpeado tan bien, nunca se había sentido tan acompañado sobre el green. La pregunta que quedó flotando


 

De la Cancha a Las Vegas: La Rana Millonaria

La historia no terminó en el decimoctavo hoyo. Animado por su éxito sin precedentes, el golfista —con la rana guardada en el bolsillo de su polo— tomó un vuelo impulsivo a Las Vegas aquella misma noche. ¿Por qué detenerse cuando la suerte está de tu lado?

La apuesta de los treinta mil

Con la voz inconfundible de su compañera verde, el golfista se plantó ante la mesa de ruleta con treinta mil dólares en fichas. La rana no titubeó: «Negro, número 6». La bola giró, el mundo se detuvo y el número 6 negro recibió a la bolita blanca con una precisión casi cósmica. El casino enmudecció. El golfista había multiplicado su fortuna de un solo golpe —sin palo ni hierro de por medio.

La escena que siguió fue digna de una película: aplausos, cámaras, responsables del casino con semblante pálido. Pero el protagonista solo pensaba en la rana que descansaba en su bolsillo.

El precio de la fortuna

Cuando la euforia se calmó, la rana hizo su petición: quería un beso. No era mucho pedir, considerando lo que había dado. El golfista, agradecido y algo desconcertado, acercó los labios a la piel húmeda del anfibio. Y entonces ocurrió la transformación: la rana se convirtió en una mujer extraordinariamente bella.

Esta parte de la historia, la más inverosímil de todas, es también la más reveladora. Porque en el fondo, todos buscamos que nuestra rana —nuestra suerte, nuestro talismán, nuestra rutina mágica previa al juego— se transforme en algo magnífico. El beso es la recompensa a haber confiado en lo irracional


 

El Giro Inesperado: ¿Un Cuento o una Metáfora?

La historia de la rana parlante pertenece, evidentemente, al territorio de la fábula. Pero como toda buena fábula, esconde una verdad profunda sobre la naturaleza humana y, en particular, sobre la forma en que los golfistas —aficionados y profesionales por igual— se relacionan con la suerte.

El talismán universal

¿Cuántos golfistas tienen una pelota «de la suerte» que no se atreven a usar hasta el momento decisivo? ¿Cuántos repiten el mismo ritual antes de cada putt, convencidos de que el orden exacto de sus pasos marca la diferencia? La rana no es más que la versión fantástica de esos rituales cotidianos que pueblan los campos de golf del mundo entero.

La suerte como liberadora

Curiosamente, creer en la suerte puede tener un efecto paradójicamente positivo sobre el rendimiento. Cuando un golfista atribuye parte del resultado a factores externos —una rana, un guante especial, un número favorito—, se libera de la presión aplastante de controlarlo todo. Esa relajación mental suele traducirse en un swing más fluido y una decisión más clara.

¿Y si fuera posible?

La magia de la fábula reside en que, por un instante, nos permite soñar con que existe un atajo al esfuerzo. Una rana que susurra el hierro correcto, una bola que encuentra el hoyo por pura magia. En ese sueño breve, el golf se convierte en algo más grande que un deporte: se vuelve una promesa de posibilidades infinitas.




La «Yerba»: El Elemento Impredecible del Golf

En el vocabulario del golf rioplatense y latinoamericano, la «yerba» no es solo el rough —esa franja de hierba alta y densa que bordea el fairway—, sino también un estado de ánimo, una situación de peligro con final abierto. Caer en la yerba es caer en la incertidumbre.

El terreno del azar

Cuando la bola se hunde entre las briznas altas del rough, el golfista pierde el control que tanto ha cultivado. La posición del lie, el ángulo de ataque, la resistencia de la hierba al impacto: todo se vuelve variable. Un mismo golpe ejecutado con idéntica técnica puede producir resultados radicalmente distintos según cómo repose la bola en esa jungla en miniatura.

El milagro desde el rough

Sin embargo, la yerba también es el escenario de algunos de los golpes más épicos de la historia. Bolas que salen disparadas en ángulos imposibles y aterrizan junto al banderín. Chips que ruedan con una suavidad inverosímil hasta caer en el hoyo. En esos momentos, el golfista no sabe si aplaudirse a sí mismo o agradecer a los dioses del green.

La preparación no basta

El rough es el recordatorio más brutal de que el golf nunca es completamente domable. Puedes practicar diez mil horas, afinar tu swing hasta la perfección biomecánica, memorizar cada cálculo de distancia y viento. Pero cuando la bola encuentra la yerba, entra en un territorio donde la experiencia y la suerte negocian en pie de igualdad.

Rafa y el Misterio de los Lucky Strike

No todas las anécdotas sobre la suerte en el golf ocurren sobre el campo. Algunas tienen lugar en las horas previas, en esos rituales nocturnos que los golfistas más supersticiosos guardan como secretos de Estado. La historia de Rafa es una de esas.

La cajetilla imprescindible

Rafa llevaba años jugando sus torneos más importantes con una cajetilla de Lucky Strike en el bolsillo. No para fumar —lo había dejado hacía tiempo—, sino como talismán. El nombre mismo, Lucky Strike, «golpe de suerte», le parecía demasiado perfecto para ignorarlo. La noche antes de una competición importante, descubrió que su cajetilla habitual estaba vacía.

La búsqueda de las cuatro de la mañana

A las cuatro de la madrugada, Rafa se lanzó a las calles en busca de un estanco abierto. Lo que siguió fue una odisea urbana digna de una novela picaresca: gasolineras cerradas, máquinas expendedoras que solo tenían marcas equivocadas, un guardia de seguridad que lo miró con sospecha, un taxista que juraba conocer un lugar y lo llevó veinte minutos en dirección contraria. Todo por una cajetilla de Lucky Strike.

El final feliz y su moraleja

Finalmente, casi al amanecer, Rafa encontró su cajetilla en un bar de carretera cuyo dueño madrugador lo recibió como si estuviera esperándolo. Durmió dos horas, llegó al campo con ojeras históricas y jugó la mejor ronda de su vida. ¿Fue la cajetilla? ¿Fue la adrenalina del desvelo? ¿Fue simplemente su día? La historia de Rafa no responde la pregunta. La hace más interesante.


La Suerte es Redonda: ¿Coincidencia o Destino?

Hay una imagen recurrente cuando se habla de suerte en el golf: la circularidad. El hoyo es redondo, la bola es redonda, y la suerte misma parece girar en ciclos. Los golfistas hablan de «rachas» con la reverencia de quien describe fenómenos meteorológicos: la buena racha que no quieres interrumpir, la mala racha que parece no tener fin.

Las decisiones impulsivas

Algunas de las jugadas más legendarias de la historia del golf nacieron de un impulso: un palo elegido en un segundo sin demasiada deliberación, una línea de putt leída con el instinto más que con la razón. Jack Nicklaus afirmaba que sus mejores golpes siempre habían sentido «correctos» antes de ejecutarlos, con una certeza que no podía explicar racionalmente. ¿Es eso suerte, o es el inconsciente de un maestro tomando el control?

La línea entre decisión impulsiva acertada y pura suerte es, en el golf, extraordinariamente fina. Y esa ambigüedad es parte del encanto del deporte.

Las circunstancias inesperadas

Un pájaro que desvía la trayectoria de la bola y la manda al hoyo. Una ráfaga de viento que corrige un golpe torcido. Una bola que rebota en el palo del banderín y cae dentro en lugar de salir disparada. El golf está plagado de estas intervenciones del azar que, sumadas, construyen el relato de una carrera, de un torneo, de una sola ronda memorable.

El filósofo deportivo podría argumentar que la suerte no existe, que todo es causalidad física. Pero el golfista que ha vivido uno de esos momentos sabe que hay algo más. O al menos, prefiere creer que lo hay. Y quizás esa creencia sea, en sí misma, la verdadera ventaja competitiva.





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