Poesía, si tienes que preguntar, nunca lo sabrás.





En esta nueva entrega de nuestra Revista de Sur a Sur Poesía y Artes Literarias, hemos pedido a destacados poetas de diversos países hispanohablantes que nos recomienden, cada uno de ellos, tres libros de poesía para este recién comenzado año 2019, recomendaciones que podréis encontrar a partir de la página 114.

El porqué de esta recomendación es sencillo. La poesía puede salvar al mundo. Es el nuevo dios, o el dios de siempre, pero algo más despierto y reencarnado en versos con la avenencia de que no es necesaria la fe ciega para estar convencido. La poesía te llega o no te llega. No tiene cara ni nombre ni es necesario crear ningún tipo de subterfugio ni simulación para creer en ella. Los dioses han muerto según el dictum de Nietzsche, “pero no del todo si existe la poesía”, afirma Ida Vitale (Montevideo, 1923).
 
En las redes a lo largo y ancho y hondo y superficial del planeta, opinantes de todo tipo se erigen en jueces, censores, calificadores… y arremeten en analizar y en decir qué es y qué no es poesía, y en la mayoría de los casos se siguen anclando a las referencias de siempre como si la poesía sufriera algún tipo de apoplejía que le impidiera ir con los tiempos. Siguen los popes arrastrando su ombligo con los ojos puestos en el pasado y mirando a los lados de reojo y con ceño fruncido.
 
A su vez, dice Adán Zagajewski (Polonia, 1945), poeta, escritor, ensayista, Premio Princesa de Asturias de las Letras 2017: “la poesía se encuentra del lado de la verdad “. Para Zagajewski la esencia de la nueva poesía trae la intención de conversar, de iniciar un diálogo con otras culturas y realidades que ayuden a enriquecer su presencia en el mundo y su visión de la realidad.
 
Probablemente sea la poesía una arriesgada aventura, toda vez que el arte es percibido de manera diferente en cada ser humano. Poesía es una expresión artística por medio de los versos o de la prosa, o eso dice la Real Academia de la Lengua, descripción a la cual nos atenemos.
 
Sea cual fuere la forma, el concepto que tengamos de poesía, la poesía muestra al lector otras formas de percibir y comprender los sentimientos propios y ajenos, de poner palabras e imágenes a sensaciones que, posiblemente, nunca antes te habrías parado a precisar, a definir, a concretar. Quizá, en última instancia, mediante la poesía intuimos la necesidad de buscar nuestro propio espacio, nuestra propia e íntima melodía.
 
Ocurre, en poesía, (lo expongo en Un humano cualquiera, 2017) que los versos se leen pensando en uno mismo, y en muchas ocasiones, efectivamente, el verse reflejado en algún verso, o en algún poema, es irremediable. Hay que leer también entre líneas, observar sus silencios, el oxígeno que deja en el papel, leer el poema varias veces, porque según el estado de ánimo en que te encuentres, el poema te sonará diferente, recuerda que es el lector, a fin de cuentas, el que convierte el poema en poesía. El lenguaje poético es el lenguaje más profundo que podemos poseer.
 
La poesía utiliza un idioma inquieto, sugerente, nos condena a querer ser libres, a estar en contra de todo. A veces es un lenguaje complicado, inconexo, pero hay que intentar leer entrelíneas, ir más allá y descifrar aquello que se oculta entre las palabras. Hay que leer el mensaje oculto, como en la vida misma, porque lo que se dice a veces no es lo que lo que se quiere transmitir. Es el lenguaje oculto de los sentimientos, una segunda lectura, muy parecido a veces a las relaciones personales.
 
Con la experiencia de la edad y los años, pero también leyendo poesía, aprendemos a relativizar  (Conceder a algo un valor o importancia menor al que estamos dando) y caeremos en la cuenta de que un poema muchas veces está lleno de paradojas con aparentes contradicciones y como lectores podemos percibir que nadie es poseedor de la razón ni de la verdad  absoluta; dice Borges: “Ajedrez misterioso la poesía, cuyo tablero y cuyas piezas cambian como en un sueño y sobre el cual me inclinaré después de haber muerto”. Y descubrimos, a través de la poesía, que el amor, el desamor, la alegría, el miedo, la pena… no son las únicas emociones que tenemos.
 
También Borges decía que era un error pensar que la prosa estaba más cerca de la realidad que la poesía. Con la poesía el mapa emocional de nuestro cerebro descubre nuevos espacios, espacios más agudos, más sensibles, tal vez pueda ayudarte a aclarar tus sentimientos y a descubrir que la naturaleza humana siempre ha sido la misma y sus inquietudes de antes son las mismas de ahora: existir, protegerse… definitivamente ser feliz.
 
A Louis Armstrong le preguntaron: “¿qué es jazz?”. Su respuesta: “Man, if you gotta ask, you’ll never know” (si tienes que preguntar, nunca lo sabrás), Igualmente ocurre en poesía.
 
 
Alonso de Molina
Tuyo en la poesía

Editorial #7 De Sur a Sur Poesía y Artes Literarias

Imagen del artista ecuatoriano Rafael Díaz Recalde


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