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Mostrando entradas de agosto, 2016

La voluntad quebrada. Javier Arnáiz

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Federico, Federico, han limpiado las balas y el fusil con el que te ajusticiaron”. La voluntad quebrada. Javier Arnáiz (bilbaíno nacido en Logroño).
Muchas veces tu casa son esos espacios, esa arena o esas piedras de cualquier playa, parque montaña, donde te sientes cómodo y te apetece un respiro, un aire, un slow people, en suma una lectura tranquila y algo de música, tal vez Norah Jones o su hermana de padre, la genial compositora e intérprete del sitar Anoushka Shankar, mientras dejas pasar los minutos, las horas, recogido en ese espacio atemporal donde no te sientes aludido por ningún hambre de notoriedad, no es resonar lo que tu pelo –cada vez más gris- te va pidiendo, es un dejarte devorar por la luz mientras celebras la ignición de tu propio mundo interior, eso sí, sin promesas, sin juramentos ni cantos minerales sobre las estatuas de piedra con las que te cruzas como poeta y que a veces parecen cobrar vida, y como percibes que te miran de soslayo, las miras tú alzando tu mentó…

La voluntad quebrada. Javier Arnáiz

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Federico, Federico, han limpiado las balas y el fusil con el que te ajusticiaron”. La voluntad quebrada. Javier Arnáiz (bilbaíno nacido en Logroño).
Muchas veces tu casa son esos espacios, esa arena o esas piedras de cualquier playa, parque montaña, donde te sientes cómodo y te apetece un respiro, un aire, un slow people, en suma una lectura tranquila y algo de música, tal vez Norah Jones o su hermana de padre, la genial compositora e intérprete del sitar Anoushka Shankar, mientras dejas pasar los minutos, las horas, recogido en ese espacio atemporal donde no te sientes aludido por ningún hambre de notoriedad, no es resonar lo que tu pelo –cada vez más gris- te va pidiendo, es un dejarte devorar por la luz mientras celebras la ignición de tu propio mundo interior, eso sí, sin promesas, sin juramentos ni cantos minerales sobre las estatuas de piedra con las que te cruzas como poeta y que a veces parecen cobrar vida, y como percibes que te miran de soslayo, las miras tú alzando tu mentó…

Días pares e impares. Julián Borao

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Escribo desde el cero, sumo y resto palabras buscando un resultado”. Julián Borao. Días pares e impares.
Son las 9 de la tarde. Es una hora amorfa. Imprecisa. Pero es una buena hora, más si la tarde ha logrado calmar el viento de estos días. Las noticias de la tele solo hablan de los Juegos Olímpicos, de los tejemanejes politicastros y de la media hora de fama del friki o la famosilla de turno. Desde hace dos días, quiero decir dos noches, vengo escuchando a Ella Fitzgerald y Joe Pass, si el álbum de ambos “Duets in Hannover – 1975” me gustó, “Again – 1976” me deja prendado de la voz de Ella;  la Fitzgerald muestra todo el dulce y toda la sensualidad como para hacer que te eleves con la calma tranquila del incienso.  Él, Joe Pass, logra que la guitarra parezca un piano de cola por la sonoridad y la limpieza de sus notas. El tardío té de hoy no pierde su fuerza, lleva azahar, son hojas puras que hacen calmar aún más el buen temple de la tarde. Tarde, otra más, que tengo entre mis manos …

Días pares e impares. Julián Borao

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Escribo desde el cero, sumo y resto palabras buscando un resultado”. Julián Borao. Días pares e impares.
Son las 9 de la tarde. Es una hora amorfa. Imprecisa. Pero es una buena hora, más si la tarde ha logrado calmar el viento de estos días. Las noticias de la tele solo hablan de los Juegos Olímpicos, de los tejemanejes politicastros y de la media hora de fama del friki o la famosilla de turno. Desde hace dos días, quiero decir dos noches, vengo escuchando a Ella Fitzgerald y Joe Pass, si el álbum de ambos “Duets in Hannover – 1975” me gustó, “Again – 1976” me deja prendado de la voz de Ella;  la Fitzgerald muestra todo el dulce y toda la sensualidad como para hacer que te eleves con la calma tranquila del incienso.  Él, Joe Pass, logra que la guitarra parezca un piano de cola por la sonoridad y la limpieza de sus notas. El tardío té de hoy no pierde su fuerza, lleva azahar, son hojas puras que hacen calmar aún más el buen temple de la tarde. Tarde, otra más, que tengo entre mis manos …