Alonso de Molina entrevistado por Lissette Ambrosio Rivas



Conversando con Liss   
Por: Lissette Ambrosio Rivas
 Miembro del Consejo Editorial de
'Creatividad Internacional'
ALONSO DE MOLINA


 No busco el verso ni el poema, creo que el poema sale a mi encuentro, la ha tomado conmigo y me busca


¿Qué lo impulsa a escribir?
En realidad no sé muy bien qué me impulsa a escribir,  pero pudiera ser que escribo para crear un espacio particular, íntimo y propio donde encontrar respuestas sobre mí mismo en particular y sobre el ser humano en general en una sociedad que hemos creado entre todos y en la que cada vez nos invade una enorme  y compleja paradoja, se comparte más, estamos más cerca unos de otros, mejor comunicados pero se habla menos, se dialoga menos; en la poesía he encontrado un excelente medio de expresión, un hondo pozo de conocimiento donde te obligas a una búsqueda constante en pos de entender la vida; siendo impulsivo, algo osado me gusta observar y experimentar con todo lo que a mi alrededor acontece, soy consciente que es preciso equivocarse para poder acertar, que es necesario conocer lo oscuro para valorar la luz.
No soporto la hipocresía ni las verdades a medias, me gusta ir directo, a bocajarro, en pos de la verdad, no se estar callado, digo lo que pienso y muchas veces no pienso lo que digo. En el fondo, la poesía no sirve para nada pero invita a la reflexión, mata algo la soledad y a veces incluso divierte.
¿Cuáles han sido  sus lecturas preferidas
Puro autodidacta. No tengo un currículum académico. Soy, tal vez, de los que han vivido, y vivo, a salto de mata; mi educación más que precaria es nula, así y todo, llevado por algún atávico instinto, procuro apartarme de la mediocridad, de ese asfalto hirviente que te quema los pies y te hace tragar saliva mientras apartas la vista de lo mezquino y vulgar. Acaso hubiera deseado  tener estudios sobre letras y filosofía de la vida, pues a pesar del tiempo que ha transcurrido desde que nací y los kilómetros que he recorrido, me siento a veces náufrago incapaz de entender a las personas y comprender lo que ocurre en el mundo. Tampoco, culturalmente, es que haya vivido debajo de un puente, no soy del todo un menesteroso cultural, pues de niño leía a El Capitán Trueno, el TBO y me desternillaba con Mortadelo y Rompetechos mientras leía el Tío Vivo.
De muchacho me sonreía con Mafalda, me encandilaban los versos de Lorca, Miguel Hernández, Machado... y me alborotaron poetas como Leonard Cohen, Jaime Sabines  o Carlos Edmundo de Ory. Después fueron llegando Neruda, Pablo De Rokha, Vicente Huidobro, Walt Whitman, Baudelaire, Cortázar, Paul Éluard, Borges….
De joven tambien me gustaba leer el Tao Te King de Lao Tsé y los aforismos de Nietzsche; leía los Yoga Sutras de Patanjali y por mi enorme afición a las artes marciales leía con devoción al maestro zen Taisen Deshimaru. Y algo me debe de quedar de este apego oriental, pues en los útimos años vengo leyendo a autores japoneses como Haruki Murakami, que espero que por fin le den el Nobel de Literatura porque lo merece, como ya ocurriera con su compatriota Yasunari Kawabata que ha sido hasta ahora el único japonés galardonado con el Nobel de literatura.
¿Piensa que ha tenido alguna influencia o cuáles?
Me declaro omnívoro. Y como a Borges, no me interesan los multitudes, escribo para mi propia vanidad, para resguardarme del soliloquio que prevalece en mí y escribo también para los desatinados que opten por leerme; prefiero individualidades, personas con cara y nombre propio y también coincido con Borges en que solo leo lo que me engancha desde el primer momento, si una lectura me aburre cierro el libro.
-Influencias? Soy influenciable, pero no suelo adoptar ningún tipo de influencia. Soy omnívoro -ya digo- y picoteo de todos los platos que atrapan mi interés. No busco el verso ni el poema, creo que el poema sale a mi encuentro, la ha tomado conmigo y me busca, a veces frontal o verticalmente, otras al trasluz, pero me busca como el que busca un día de lluvia en el desierto o un vientre contorsionista con suficiente cintura como para esquivar las trampas de la cotidiana realidad. 
¿Cuáles han sido sus motivaciones más recientes para escribir?
En los últimos meses estoy recopilando escritos míos que datan desde los inicios de los foros poéticos en Internet, desde el año 2000 concretamente. Observo que hay muchísimo material y que justamente por no poseer una educación literaria mi forma de escribir es bastante distinta a muchísimos otros, eso me hace sentir diferente y me anima a emprender proyectos que estaban relegados, puesto que pasados los cuarenta, literariamente Inédito, me sentí claramente aludido, ya no sería nada en la literatura, mis textos quedarían relegados a poquísimos lectores, probablemente a ninguno, a lo más podrían permanecer virtualizados en algún blog, confinado a la indiferencia de millones de caracteres en código binario que nutren la maraña de Internet.
Así que lejos del desánimo estoy preparando una extensa bibliografía de trabajos inéditos -unos 18 libros de poesía que se distribuirán próximamente en digital- además de estar inmerso en dos trabajos literarios –una novela y un libro de poemas con algunas variables inéditas- que espero que este 2016 vean la luz y puedan ser distribuidos en España y Latinoamérica.
¿Su rutina diaria tiene alguna relación con sus hábitos poéticos?
Tengo mi propia empresa. En la vida diaria, me desenvuelvo como gestor de proyectos, project manager como se dice ahora, intento coordinar más que liderar, cohesionar planteamientos e ideas y emerger siempre, constantemente startup.
¿En estos momento, cuáles son los libros que sientes más cerca de ti?
Me gusta la literatura japonesa, me gustan los manuales sobre yoga y cultura oriental, poesía debería leer más, apenas si leo lo que yo mismo escribo, una vez descargado me olvido, como reza el Tao Te King, acabada la obra y el mérito cumplido, lo oportuno es retirarse.
Aprovecho para saludar a todos los amigos, compañeros y compañeras que tengo en Creatividad Internacional y agradecerte, Ismael, tu buen talante, así como la buena acogida que siempre me has dispensado.