lunes, abril 01, 2019

Tal vez mañana la ventana vendrá para asomarse en mí



La insaciable verdad de la verdad



Hay veces que un hombre tiene que luchar
tanto por la vida que no tiene tiempo de vivirla.
Charles Bukowsk.


Bajo las uñas
mil avispas jodiéndonos los días.

Te las intentas sacudir de encima
como quien se sacude las solapas
después de haber comido un bollo;
y muy harto de todo te acercas a la noche
a rascarte el ombligo y a intentar besártelo
con la misma pericia
que quien se acerca a una ventana
a ver nacer el día
creyendo que ese día
está predestinado a ti.

Pero observas que
los labios y la flor se posan en otra ventana
buscando una caricia que no te pertenece.
Y te pliegas como una hoja de papel
mirando de reojo al amor.

Y mordiéndote un labio
caminas cabizbajo
desde la noche a la mañana.

Y otra vez te asomas como una lucerna
a las hoscas ventanas de la tristeza
a desplegar cansino tus cenizas
después de haber dejado el polvo y tus razones
en un felpudo que tampoco es tuyo.

Y te das cuenta que el día también se marcha
con los pies tan vacíos como habían llegado
y sientes la soledad de un mártir
y cierras otra vez tus alas
y reordenas tus ojos
y, apartando las gafas a un lado,
plantas la vista al techo, a la pared del fondo,
al armario que posa indiferente.

Prendes un cirio
y lo miras
y te arrojas a él
y te quedas muy quieto
sin aspirar a nada,
el cirio y tú, la luz y la penumbra.

A fin de todo huérfano,
solitario y huérfano,
como una hormiga camino a su destierro.

Tal vez mañana
la ventana vendrá
para asomarse en mí.

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viernes, marzo 22, 2019

Es difícil gritar on the street lonely




Allá donde empieza la locura. Alonso de Molina








El sueño va sobre el tiempo
flotando como un velero.
Nadie puede abrir semillas
en el corazón del sueño.
F.G. Lorca; al cante, el Camarón de la Isla.


Precipitado en la apatía de las razones,
sin respuestas ni aspectos que atender,
penosamente solo, demasiado vacío,
sin cargas ni destinos nutridos por mi pecho.

Concreto en la ceniza y el disoluble credo
rechinaban mis dientes, lying on the sidewalks;
con la vida desnuda corriendo en las cantinas,
insensatas, mis manos procuraban mujeres.

Zarandeado al viento como hoja en ventolera
yo estaba al margen de cualquier destino.

Bajo el sol caminando, aquel año bisiesto
en el aire estallé mis monedas, and my luck,
en tanto recorría las plazas
y las angostas bocacalles
sin cosenos ni senos donde albergar los sueños.
Descolgaban las horas con la sed del hambriento,
envenenando un alma urgida de calor
y un corazón en combustión emergente
que sellaba sus besos con los pardos del aura.

Es difícil gritar on the street lonely;
la mujer dijo hello y yo rompí mis ojos
para mirar su escote insinuante y sedoso.

Reincidían momentos en los signos de aquarius
y mojaban los sueños
sin posar la cabeza sobre el agua.

La medianoche es trampa.
Escucha Camarón, oye la noche,
busca en su llanto el rendido sexo.

Mientras, templada ella,
se perfuma la cara con los ojos del alba,
un orgasmo creciente late en su aliento blanco.

-
Del libro de poemas
Allá donde empieza la locura 2007


---
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sábado, marzo 16, 2019

Allá donde empieza la locura. Eludir al búfalo



Eludir al búfalo


Intro al libro de poemas 
Allá  donde empieza la locura


Cómo será el corazón de un loco. Qué cristales o qué dogmas o qué tantas cosas deberán tragar, justificar, explicar, soportar, alzarse o rebelarse.
Qué tambores tendrá que golpear con sus manos de loco para detener los caminos que lo embisten con la intransigencia de un búfalo que se baja del tren sabiendo que ya no le quedan más espacios donde arremeter su pertinacia, su porfía, sus embestidas.
La magia, como la poesía, se maneja por una conversión simbólica de todo el universo.
Olga Orozco (Argentina, 1920).
Pero ojo, cada planeta es un dolo, un desfalco, un timo donde los espejos son izados cada mañana y encumbrados a las ondas celestiales (léase televisión y redes sociales) para ser aplaudidos, izados y amamantados por los que aún no tienen la condición de loco.
Estoy hecha con la misma sustancia del abismo y oficio contra la nada mi caída en las inmóviles tinieblas.
Olga Orozco (Argentina, 1920).
La poesía es un juego que te puede llevar a la sinrazón de la cordura. Podemos abrir abismos sin más norte que esperar al rayo que volteará los ojos hacia la exacta locura de ser poeta. O se está loco o no se está, no valen las medias tintas.
Palmo a palmo, virando de un día a otro fulgor, de una noche a otra sombra, llegas con cada paso a ese lugar al que te remolcaron todas las corrientes.
Olga Orozco (La Pampa, 1920).
Hay un enorme surtido de poetas en las redes sociales, un manojo de locos en potencia que exhiben su belleza, su yo perfecto, y se presentan al mundo, no para mostrar lo que somos o lo que queremos ser, nos presentamos al mundo, para decirles cómo queremos que nos vean.
Es que todavía nos faltan unos hervores, unos puntos de locura.
La belleza no es locura.
Aunque yo esté rodeado por mis errores y mis ruinas.
Ezra Pound (EEUU, 1885).
El poeta que inspiró al fascismo.
Sabemos la facultad que tienen los espejos de cambiar la derecha por la izquierda, de ser capaces de identificar el alma de las personas, e incluso, de hacer que te quedes atrapado en esa doble imagen donde puedes ver el universo, pero, en cambio, no logras verte, y formulas preguntas que, tú mismo, desde el otro lado, te respondes.
Miedo de ser dos
camino del espejo:
 alguien en mí dormido
me come y me bebe.
Alejandra Pizarnik (Argentina, 1936).
Pero el perfume de un loco no huele a desánimo ni a renuncia, huele a orfandad, a relego, huele a ruptura, es el huracán que duerme en su propia armonía, soportando la fiebre, el miedo y el temporal.
Para llegar allí había que pasar
por el fondo del alma; había que internarse por pantanos en los que chapotean la muerte y la locura.
Olga Orozco (Argentina, 1920).
Hondar más los abismos y hallar la piedra o desnucarse o romperse un hueso, diría que el de la muñeca para que durante un tiempo no escriban, que sientan el dolor de no ser ni estar.
El loco yerra, pero no miente. Además, tiene la peligrosa manía de decir la verdad. España es la que está loca, no yo.
Leopoldo María Panero (España, 1948).

No sabe el loco de la brevedad del trueno, es un viajero en precario, pero no es fugaz, breve ni efímero, él puede trepar todas las montañas de su país de sueños para eludir al búfalo. 




LIBRO COMPLETO
132 PÁGINAS
https://www.amazon.es/All%C3%A1-donde-empieza-locura-Poes%C3%ADa/dp/1976386217

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miércoles, marzo 06, 2019

Perdona amor si llego tarde


   




A todas las personas que, habiendo sido tocadas en lo físico, han conseguido mantener su espíritu en lo más alto




Perdona amor si llego tarde, pero ahora que te has ido, te lo vengo a decir.
A ti y a mí nos eligió el relámpago a los pies de la luna, ofreciéndonos los cantos y los besos. Fuimos dos rostros que, en la quietud de la noche, escurríamos los huesos dibujando campanas. Éramos de mirarnos a los ojos para ver el agua y la naciente flor que florecía a cada espasmo. Florecíamos en la piel de la manzana fabricando infinitos.
Tú inundabas mis formas con saliva, y mi lengua -como un pez escurridizo- se avenía en tu vientre deshojando los poros, los huecos, los minutos. Yo celebraba tu cuerpo con un silencio verde que, abrazado a mi estrella, pretendía del bosque la gema y tus gemidos.
Tú siempre te quejabas de tus piernas flacas, pero a mí me encantaba tu pelo revuelto. En cambio, estabas orgullosa de tu bien perfilados abdominales y de la esbeltez de tu espalda. Yo era el pícaro que apoyaba la cabeza en tu pecho y algún poema incluso me atreví a escribir en tus nalgas. A veces los domingos, los sábados incluso, traspasábamos la noche encendiendo los lirios, y todas las frutas, los gatos, las farolas… ardían como nosotros y, al calor de tus ojos, tu locura y la mía se inundaban de éxtasis.
Sí. Fue una bella locura que nos mantuvo cuerdos tomados de la mano. Te recuerdo en las noches de verano en la playa.  Discretamente nos besábamos y entre cuchicheos nos referíamos a ese puñado de extraños que se colaban en nuestras vidas. Confieso que ya me estaba hartando muy mucho de Nietzsche, Borges, Neruda, Sabina y tantos otros entrometidos que se ponían a fisgar en nuestros momentos más íntimos. O ese viejo indecente que salía a pasear al perrito cada vez que íbamos a la playa para besarnos.
¡Ah! esas noches de mar con el apacible runruneo de las olas, el brillo tenue de las farolas del paseo marítimo, el olor a yerbabuena cuando regresábamos a casa con la ropa desarreglada y más excitados aún de lo que habíamos salido, íbamos directos a culminar el día, y nos daban las dos o las tres de la mañana y Keroauck, Bukowski y toda esa generación de desalmados se nos acoplaban en medio de la cama.  Teníamos, sí, que compartirlo todo. El amor y los insidiosos comentarios que nos provocaban tantas lecturas ociosas mientras, tú y yo, no sé de qué manera, atravesados en el colchón hacíamos el amor tratando de despistar a las visitas inoportunas de tantísima gente holgazana, y nos mirábamos a los ojos con las manos y los cuerpos entrelazados. Disfrutábamos a solas, sencillamente, de lo que más nos gustaba: leer y leernos el uno al otro para a continuación morir y despertar otra vez juntos.
 Pero yo no sabía que la angustia, la tristeza y el dolor, pudieran tener cabida en nuestro amor. Yo decidí amarte porque estaba enamorado de ti, y sabía que tú también me amabas. Te dejabas querer y yo crecía contigo al tenerte en mis brazos. Y estaba convencido de que el amor no duele ni traiciona.
Tenías tú la sonrisa más dulce que iba repitiéndose de la mañana a la noche. Parpadeabas nerviosa ante un tiempo que presentías ahogado. Llegaron días como inviernos fríos. Las miradas estériles recorrían los pasillos, el salón, la cocina… también se ajustaba a nuestra cama... y a todos los rincones donde nos habíamos besado con el corazón latiendo de locura y la tierna devoción de la entrega sin límite. 
Toda tu fuerza, tus ganas de vivir, no han sido suficientes para vencer a ese peyorativo, estigmático e innombrable eufemismo, a esa cabeza de avestruz que no nos atrevemos a nombrar. Agonizaron tus dedos ahogados en lamentos y el tiempo nos fue diluyendo en desconsuelos. Y te has ido. Sin tú quererlo me has abandonado. Y yo no pude hacer nada por impedir tu marcha. Ya no puedo tañer campanas de amor ni de victoria.
No entiendo la vida sin tenerte. Estás dormida, sí. Pero sigues conmigo. Y si un día despertaras me iría contigo al infinito.

Eternamente en mí

Tu amor de siempre








Imagen by kai kalhh .  Hamburg/Deutschland



#hombresyalgunasmujeres




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