El poder del amor & el amor al poder. La raíz del problema






Hace unos días, con objeto de la celebración del Día del Libro y conmemorar el Día Internacional del Idioma Español, fui invitado por el Departamento de Relaciones Internacionales de la Universidad de Ciencias Aplicadas y Ambientales de Bogotá, Colombia, a participar en un conversatorio virtual retransmitido en directo, el tema propuesto era "Reflexión acerca de la paz y la reconciliación" desde la perspectiva artística, enfoque personal desde la propia experiencia y trayectoria, ligado a los objetivos de Desarrollo Sostenible de la ONU para el 2030.
 
Podríamos insistir en lo que es patente y notorio en esta nuestra sociedad de ricos y pobres, donde una exigua minoría controla la riqueza de la inmensa mayoría de personas que habitamos el planeta.  La brecha rico-pobre no es solo económica, es evidente que el acceso a una vivienda digna y a recursos tan necesariamente básicos como educación, sanidad, agua potable, electricidad, bienestar en suma.  Y no nos estamos relegando a las viejas consignas del Mayo Francés del 68 como el  “Seamos realistas, pidamos lo imposible”, pero es necesario que la base de la sociedad, las personas, no se duerman, no se conformen con la pululante “economía del bienestar” maquinada desde el confort del poder donde nos instrumentalizan y nos alienan imponiéndonos, con sonrisa sardónica, el consumismo como nueva religión a la que tenemos que rendir sumisión y pleitesía además de someternos a ella para poder sentirnos libres e integrados en el sistema, un sistema donde imperan las apariencias más que la pureza de las personas.
 
Lo legal muchas veces es dañino y peligroso. Decía Gandhi que la justicia necesita ser transformada, no meramente controlada. En este mismo número de la revista, la escritora María Luisa Lazzaro nos comenta acerca “de esta Venezuela dolorosa, desde la apreciación cotidiana de sufrimientos, carencias, torturas, violaciones de los derechos de los ciudadanos, presos políticos, torturados, personas, niños ancianos que mueren de mengua sin medicinas ni alimentos”. Y no olvidemos, no olvidemos, que todo lo que hizo Hitler, era legal.
 
Nada justifica la violencia, pero, lamentablemente, la injusticia y la desigualdad generan violencia. Violencia que se viene ejerciendo de mil maneras diferentes. Y está en nuestras manos el conjugar VERBOS que garanticen la paz y la reconciliación en el mundo. Verbos como:

  • Erradicar la pobreza y el hambre en todo el mundo.
  • Combatir las desigualdades y garantizar una vida sana y una educación de calidad.
  • Asegurar el acceso al agua y la energía.
  • Facilitar el crecimiento económico sostenido y dentro de una sociedad menos competitiva y más humanizada.
  • Construir sociedades pacíficas, justas e inclusivas que promuevan la paz y faciliten y agilicen el acceso a una justicia de calidad.
  • Proteger los derechos humanos.
  • Promover la igualdad entre los géneros.
  • Garantizar una protección duradera del planeta y sus recursos naturales adoptando medidas urgentes contra el cambio climático.

 
Hemos abusado de la guerra y de las armas. Somos humanos, imperfectos. Venimos acumulando más llanto que risa en la historia de la humanidad; por tanto, para reír y ser felices, necesitamos perseverar en cuanto a flexibilidad y concesiones mutuas en todos los ámbitos de la vida.
 
Pero quiero ser optimista. Miren. Cuando leo a los jóvenes, es como aprender de nuevo el idioma, percibo una nueva casta, se expresan de una manera lúcida, contundente, menos conformista  y mucho más reivindicativa; no es un nuevo concepto de existencia, es una nueva forma de vivir, donde se persevera  en la búsqueda de un sentido  global, holístico, de la existencia; las nuevas generaciones tienen muy claro que para realizarnos como seres humanos, para superar las barreras físicas, mentales y espirituales que nos impone la propia existencia necesitamos PAZ.
 
Y ahora, habla, se reitera, el poeta que llevamos dentro. El poeta es un mensajero, es la voz para despertar conciencias y debemos ser capaces de transmitir, como un eco que se repite de norte a sur y de este a oeste, honradez y coherencia. El poeta es inconformista por naturaleza. Ni la poesía ni los poetas son ornamentos ni son los frikis de turno. Pero es cierto, el poeta no quiere ser normal, no quiere que le jodan la vida inmersa en la mediocridad.
 
Un poema no es una arenga ni un discurso político.  La poesía es cuestionarse el mundo para sentirse más cerca de la verdad. Y el mundo necesita la profundidad de la poesía como necesita el oxígeno. Necesitamos menos discurso y más palabras que nos sugieran la realidad de la cuestión. La vida. Los momentos. La libertad de sentirse libre. El desapego de la frivolidad y la trivialidad en favor de la percepción real de la existencia. Somos seres finitos con fecha de caducidad, debemos buscar la poesía en cada cosa y ser capaces de sentir que cada cosa está llena de poesía. El viento el sol la tierra el agua... dejemos la abstracción de las cosas y construyamos con los pies en la tierra la paz y la felicidad.
 
Estamos contigo, Jimi Hendrix: cuando el poder del amor sea más grande que el amor al poder, el mundo conocerá la paz.    
    
Vuestro en la poesía
Alonso de Molina
 
Editorial #4 De Sur a Sur Poesía y Artes Literarias



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