domingo, agosto 27, 2017

Libro huérfano. Carmen Aliaga



Se trata del volumen 75 de la colección Papeles de Trasmoz, editado por Olifante Ediciones de Poesia. Es un libro de bolsillo, muy práctico para tenerlo a mano, de unas 60 páginas con un diseño sobrio más que aceptable.

No quiero apresurarme, el día de hoy, como el de ayer, está ventoso en esta Costa de Almería donde ha venido la poeta desde Zaragoza. No obstante, leo su libro aventurándome en la metafísica de sus versos, esa complejidad entre la vida y la muerte que como un enjambre de algas bioluminiscentes nos muestran un camino de luz o de oscura cerrazón.

Precisar que escuchar a Carmen Aliaga es bueno para la poesía, ella siembra afición, su voz impone silencio, llega con la cadencia justa, el ritmo justo, la sonoridad justa. Carmen lee y recita, recita y lee, y en ambos casos la emoción verso a verso, poema a poema, está asegurada a través de su voz serena, afable y bien timbrada, logrando transmitir al oyente serenidad y buen oficio.

Libro huérfano está dividido en tres partes: I Gestación, II Alumbramiento y III Orfandad. Hay que precisar que se trata de un libro, un poemario, donde el dolor ahonda, se va gestando en cada verso y de principio a fin un dolor enraizado y en abierto conflicto con la realidad como manifiesto desacuerdo con lo inevitable: fruta que se desploma / hueso que vuelve a tierra.

Podría ser un estado de ánimo, podría ser una percepción de la vida, de algún fragmento de la vida;  a lo largo de los tres capítulos que conforman el poemario, se aprecia un equilibrio, y a la vez cierta ingravidez de la palabra en la imagen que de ella misma le devuelve el espejo: –Salir de Dios– / –Entrar a la máquina / Salir del sueño / –soñar ya no me pertenece–.

Quizá, en el fondo, también se observa un reflejo de la propia ausencia; sabido es que los versos hablan por uno mismo, a veces sin ni siquiera estar de acuerdo: cuando no coinciden / las manos y las riendas. / El río se derrama / sobre su cabellera. / La montura del llano / no alcanza a sostenerla.

Una hechura de nubes absortas en su propia geografía, tal vez el paisaje infinito del que quisiera huir dejando atrás, si acaso, su propia huella: Una mujer se anticipa a la muerte / ha llegado a ese punto donde queda frenada / la belleza convulsa de la vida.

Entre los versos -cortos, ecuánimes- se esconden silencios, una suerte de brújula de qué quiero, adónde voy, quién soy. La poesía es otra vez  puente entre lo material y espiritual que nos conforma como seres humanos con toda su grandeza, sus debilidades y su desesperación.
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Vuestro en la poesía
Alonso de Molina
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Ficha técnica:
Carmen Aliaga Sevilla. Zaragoza.
ISBN: 9788494633768
60 páginas. Libro de bolsillo.

martes, agosto 01, 2017

¿Sobre qué escriben los poetas?




¿Quién hace el poema, el poeta o el lector? ¿Hace el poeta al poema o, como decía Paul Valéry,  es el poema el que hace al poeta? Quién sabe, en cualquier caso, la suerte que, cada uno por su lado, corren poema, poeta y lector.
 
Percibir el mundo, el complejo entramado de relaciones entre las personas, los acontecimientos, los actos… ¿puede responder a una habilidad intrínseca para descubrir el sentido de las palabras? ¿De qué forma se interpreta un poema?  

¿Qué temas son los temas que deberíamos considerar como propios de la poesía? Los temas recurrentes son los mismos en todas las épocas, el amor, la religión, la muerte, la sociedad, las personas, el mundo en que vivimos, el mundo subjetivo… la desazón, el hastío de la existencia,  el sentido que pretendemos dar a la propia vida,  la angustia por la muerte a la que estamos condenados, la implicación del hombre con los asuntos sociales de su tiempo. Y erotismo, también hay erotismo e idealización del enamoramiento en la poesía. 

La poesía es, sobre todo, una inquietud capaz de arrastrarte a territorios suicidas y además, la poesía, araña con las uñas el fondo de cualquier metal, escarba en la memoria para que nada muera, y te ofrece las llaves para que todo sea un preciado caudal que nos desborde y nos inunde de palabras, sonidos, sensaciones… sin más límite que el poder creacionista de cada autor. La poesía es una exigencia continua, una revolución constante donde la creación es un conjunto independiente y único que no necesita más explicación que la emoción que pueda llegar a generar.

La creación poética no tiene por qué imitar la realidad ni describir ni explicar nada, se explica por sí sola, o no se explica. En poesía, el poema es el puntal de la obra del poeta. Pero más allá de la poesía, la meta-poesía implica la palabra y el silencio, implica al lector o espectador y exige del narrador elementos como la expresión corporal, miradas, sonidos, muecas... en un espacio escénico predispuesto para tal fin, para que pueda provocar en el público sensaciones que lo hagan ser partícipes y no meros espectadores de la obra en cuestión.

La poesía es compromiso, y si algo puede salvar al ser humano de las garras de su propio mundo interior, es la poesía.

 
Tuyo en la poesía
Alonso de Molina
 
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