Más allá de la poesía, la metapoesía implica al público





La poesía, como el mar de Benedetti, no se avergüenza de sus náufragos. La poesía es una inquietud constante, también, como el mar, capaz de arrastrarte a territorios suicidas y además, la poesía, araña con las uñas el fondo de cualquier cuenco, escarba en la memoria para que nada muera, y te ofrece las llaves para que todo sea un preciado caudal que nos desborde y nos inunde de palabras, sonidos, sensaciones,… sin más limite que el poder creacionista de cada autor. La poesía es una exigencia continua, una revolución constante donde la creación de cada autor es un conjunto independiente y único que no necesita más explicación que la emoción que pueda llegar a generar.

La creación poética no tiene porqué imitar la realidad ni describir ni explicar nada, se explica por sí sola, o no se explica. En poesía, el poema es el puntal de la obra del poeta. Pero más allá de la poesía, la metapoesía implica al público y solicita del narrador elementos como la expresión corporal, miradas, sonidos, muecas,... en un espacio escénico predispuesto para tal fin, para que pueda provocar en el espectador sensaciones que lo hagan ser partícipes y no meros espectadores de la obra en cuestión.
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